El que Beba Volverá a Tener Sed – Comentarios Juan 4

Jesús empezó una conversación con la mujer Samaritana y de antemano sabía que quería invitarla a creer en él. Jesús tomó el ejemplo de sed para hablar de su necesidad, o hambre espiritual. Inicialmente ella no sabe que la sed a la que se refiere Jesús es una sed espiritual. Al igual que el hombre moderno que nos rodea, tenía una sed espiritual y no lo entendía ni lo identificaba. ¿Con que detalle de la vida de la mujer muestra Jesús su sed espiritual? Veamos.

Juan 4
13 —Todo el que beba de esta agua volverá a tener sed —respondió Jesús—, 14 pero el que beba del agua que yo le daré, no volverá a tener sed jamás, sino que dentro de él esa agua se convertirá en un manantial del que brotará vida eterna.

15 —Señor, dame de esa agua para que no vuelva a tener sed ni siga viniendo aquí a sacarla.

16 —Ve a llamar a tu esposo, y vuelve acá —le dijo Jesús.

17 —No tengo esposo —respondió la mujer.

—Bien has dicho que no tienes esposo. 18 Es cierto que has tenido cinco, y el que ahora tienes no es tu esposo. En esto has dicho la verdad.

19 —Señor, me doy cuenta de que tú eres profeta. 20 Nuestros antepasados adoraron en este monte, pero ustedes los judíos dicen que el lugar donde debemos adorar está en Jerusalén.

21 —Créeme, mujer, que se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adorarán ustedes al Padre. 22 Ahora ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación proviene de los judíos. 23 Pero se acerca la hora, y ha llegado ya, en que los verdaderos adoradores rendirán culto al Padre en espíritu y en verdad, porque así quiere el Padre que sean los que le adoren. 24 Dios es espíritu, y quienes lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad.

Vemos que Jesús toca el tema de su esposo, para hacerla notar que ya había tenido cinco esposos, más un “esposo” actual que no era realmente su esposo. Se ve que al hablar de esta situación, la mujer entiende, al fin, que Jesús le esta hablando de sed espiritual. Entiende que no tiene nada que ver con el agua natural. Si vamos a ministrar como Jesús desea ministrar, entonces debemos estudiar con cuidado como Jesús ministra a esta mujer. Voy a procurar ser preciso en lo que veo que Jesús hace.

En primer lugar Jesús escogió usar el paralelo de sed para llamar a esta mujer. Tenemos sed porque nuestro cuerpo fue diseñado para requerir agua. Se tiene sed de Dios, de propósito espiritual en nuestra vida, porqué fuímos creados a la imágen de Dios para llevar la gloria de Dios. El buscar llenar esta sed con un esposo no era la solución. Los cinco esposos más el actual era muestra plena de, “el que beba de esta agua volverá a tener sed.” No dudo que al unirse con cada uno de estos esposos, la mujer esperaba y pensaba que iba a saciar su sed. Es más, probablemente, por unos días, cada uno de ellos le sació esa sed. Pero no quitaban la sed, regresaba la sed espiritual.

Jesús no usó un paralelo de culpabilidad o rechazo para llamar a esta mujer. ¿A qué me refiero? Algunos comentaristas señalan que el hecho que esta mujer fuera al pozo al medio día se podría deber al rechazo de las demás mujeres. Si hubiera querido Jesús, podría haberle dicho que así las demás mujeres la rechazaba que Dios también la rechazaba. Esto no lo hizo Jesús. Jesús muestra su desapruebo del “esposo” actual, señalando que no es su esposo. Pero el enfoque principal ya lo había asentado Jesús como su sed. De nuevo, Jesús muestra su desaprubo del esposo actual, pero no le dice, mujer tu eres una adúltera y por eso estas separado de Dios. Veo que Jesús no le dice, estas lejos de Dios porque has mal llevado la realción con hombres. (Aunque es claro que en el caso del actual tiene una mala relación.) Veo que al reves, Jesús le dice, como tienes sed del agua espiritual que Dios da, ninguno de las relaciones que has tenido con hombres ha podido llenar esa sed. ¿Puedes ver esto?

Jesús le habla con compasión en vez de hablarle con condenación. ¿Porqué? Jesús no viene a decir que debemos cumplir la ley de Moíses para estar bien con Dios, sino viene a invitarnos a creer en él para ser perdonado y como resultado “dentro de él esa agua se convertirá en un manantial del que brotará vida eterna.”

¿Qué hacen la mayoría de los religiosos “cristianos” hoy en día? Bueno, hasta se dan clases para entrenar a la gente a que salga a usar los diez mandamientos para condenar a la gente. Si siguieramos el ejemplo de Jesús con esta mujer samaritana, buscaríamos hablarles de una sed espiritual, una sed de propósito espiritual y de su sed de Dios. Hay una gran diferencia entre una y otra manera de ver y predicar a las personas.

Finalmente, tomemos nota que Jesús señala el fracaso en la relación matrimonial para demostrar la sed espiritual. Tenemos bastantes citas en la Biblia en dónde Dios usa el ejemplo de un esposo y esposa o un novio y una novia para hablar de la relación que debemos tener con Dios. Dios usa la figura de adulterio e infidelidad para hablanos de nuestra rebelión contra Dios. Posteriormente Pablo habla de la relación de Cristo con la iglesia como la relación del esposo con la esposa.

No debemos sentirnos sorprendidos ante una mujer que ha tenido cinco maridos y ahora tiene “uno” que no es su marido. Esto no es moderno, como vemos aquí. No debemos horrizarnos, ni derramar multitud de condenaciones. Debemos entender que la relación hombre mujer y esposo esposa es una relación espiritual. Debemos demostrar en nuestra relación de matrimonio que el amor de Dios es algo real que es “un manantial del que brotará vida eterna.” Debemos acercarnos a las personas que Dios pone en nuestro camino y llamarles a creer en Jesús para que encuentren la satisfacción de su sed espiritual. Esto los va a llevar también a bendecir a Dios por la pareja que Dios les ha dado para vivir como una sola carne.

Termina Jesús con un llamado a tener visión de la obra de Dios en estos versículos.

Juan 4
35 ¿No dicen ustedes: “Todavía faltan cuatro meses para la cosecha”? Yo les digo: ¡Abran los ojos y miren los campos sembrados! Ya la cosecha está madura; 36 ya el segador recibe su salario y recoge el fruto para vida eterna. Ahora tanto el sembrador como el segador se alegran juntos. 37 Porque como dice el refrán: “Uno es el que siembra y otro el que cosecha.” 38 Yo los he enviado a ustedes a cosechar lo que no les costó ningún trabajo. Otros se han fatigado trabajando, y ustedes han cosechado el fruto de ese trabajo.

Al pronunciar estas palabras, quizas ya veían venir multitudes del pueblo para ver a Jesús. Lo que Jesús nos quiere enseñar es que Dios ya ha hecho un trabajo de preparación en las personas a las que vamos a compartir las buenas nuevas. Aún esta mujer, Dios estaba trabajando en su vida, con el dolor del fracaso de cinco matrimonios,  con la situación incomoda del actual “esposo”. Dios estaba mostrando en ella una sed, la estaba preparando para querer tomar del agua que Jesús da. De igual manera Dios había trabajado en la vida de cada persona que salio del pueblo ese día para conocer a Jesús.

Es lo mismo con la gente que nos rodea. Es lo mismo con la gente a la que debemos compartir el agua que ofrece Jesús. “Yo los he enviado a ustedes a cosechar lo que no les costó ningún trabajo. Otros se han fatigado trabajando, y ustedes han cosechado el fruto de ese trabajo.”

Los textos son tomados de:
La Santa Biblia, Nueva Versión Internacional® NVI® Copyright © 1999 by Biblica, Inc.® Used by permission. All rights reserved worldwide.

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