Pretenden perfeccionarse con esfuerzos humanos . . . Comentarios sobre Gálatas 1-3

 A veces pensamos que si viviéramos en los días del Nuevo Testamento habrían menos voces contrarias a la verdad. En Gálatas vamos a ver la batalla que se libraba por la verdad de Dios.

Gálatas 1

6 Me asombra que tan pronto estén dejando ustedes a quien los llamó por la gracia de Cristo, para pasarse a otro evangelio. 7 No es que haya otro evangelio, sino que ciertos individuos están sembrando confusión entre ustedes y quieren tergiversar el evangelio de Cristo. 8 Pero aun si alguno de nosotros o un ángel del cielo les predicara un evangelio distinto del que les hemos predicado, ¡que caiga bajo maldición! 9 Como ya lo hemos dicho, ahora lo repito: si alguien les anda predicando un evangelio distinto del que recibieron, ¡que caiga bajo maldición!

Gálatas es quizás una de las primeras epístolas que se escribió. Ya tan temprano en la historia de la fe cristiana Pablo tiene que tratar el peligro de “otro evangelio”. Al decir otro evangelio no se refiere a otro relato de los eventos de la vida de Jesús sino al mensaje de las buenas nuevas. El problema se presenta porque “ciertos individuos están sembrando confusión.” ¿En que consiste el otro evangelio? Pues, “quieren tergiversar el evangelio de Cristo.” Toman las palabras, los conceptos y los tuercen le dan otro sentido. Veremos que esto tiene que ver con la circuncisión y la ley.

Gálatas 1

11 Quiero que sepan, hermanos, que el evangelio que yo predico no es invención humana. 12 No lo recibí ni lo aprendí de ningún ser humano, sino que me llegó por revelación de Jesucristo.

Cuando Pablo dice que el evangelio que predica, “no lo recibí ni lo aprendí de ningún ser humano,” no es por jactarse de sí mismo. Lo que hace es enfatizar que no es una “invención humana.” Pablo nos dice que recibió el evangelio “por revelación de Jesucristo.” Al leer sus epístolas podemos ver que lo que escribe se basa en la Escrituras y eso confirma que viene de Jesucristo.

Gálatas 2

1 Catorce años después subí de nuevo a Jerusalén, esta vez con Bernabé, llevando también a Tito. 2 Fui en obediencia a una revelación, y me reuní en privado con los que eran reconocidos como dirigentes, y les expliqué el evangelio que predico entre los gentiles, para que todo mi esfuerzo no fuera en vano.

Pablo explica que ya llevaba catorce años en el Señor cuando al fin se reúne “con los que eran reconocidos como dirigentes.” Esta reunión no fue para que le enseñaran a Pablo lo que era el evangelio, sino que “les expliqué el evangelio que predico.” Era importante que Pablo les explicara “para que todo mi esfuerzo no fuera en vano.”

Gálatas 2

3 Ahora bien, ni siquiera Tito, que me acompañaba, fue obligado a circuncidarse, aunque era griego. 4 El problema era que algunos falsos hermanos se habían infiltrado entre nosotros para coartar la libertad que tenemos en Cristo Jesús a fin de esclavizarnos. 5 Ni por un momento accedimos a someternos a ellos, pues queríamos que se preservara entre ustedes la integridad del evangelio.

Pablo hace un paréntesis para explicar que en ese momento “falsos hermanos se habían infiltrado entre nosotros.” Al parecer estos falsos hermanos querían obligar a Tito a circuncidarse. Si Pablo y Tito se hubieran sometido a ellos, se hubiera perdido la integridad del evangelio. Por esta razón no accedieron a circuncidar a Tito.

Gálatas 2

6 En cuanto a los que eran reconocidos como personas importantes —aunque no me interesa lo que fueran, porque Dios no juzga por las apariencias—, no me impusieron nada nuevo. 7 Al contrario, reconocieron que a mí se me había encomendado predicar el evangelio a los gentiles, de la misma manera que se le había encomendado a Pedro predicarlo a los judíos. 8 El mismo Dios que facultó a Pedro como apóstol de los judíos me facultó también a mí como apóstol de los gentiles. 9 En efecto, Jacobo, Pedro y Juan, que eran considerados columnas, al reconocer la gracia que yo había recibido, nos dieron la mano a Bernabé y a mí en señal de compañerismo, de modo que nosotros fuéramos a los gentiles y ellos a los judíos.

Aunque Pablo no recibió su evangelio de los hombres, “Jacobo, Pedro y Juan, que eran considerados columnas,” en la iglesia reconocen la gracia que Dios les había dado a Pablo y Bernabé. “Nos dieron la mano a Bernabé y a mí en señal de compañerismo.” El evangelio que Pablo recibió era el mismo que los apóstoles recibieron de Jesús.

Habiendo esta aceptación hay un desacuerdo importante entre varios de ellos.

Gálatas 2

11 Pues bien, cuando Pedro fue a Antioquía, le eché en cara su comportamiento condenable. 12 Antes que llegaran algunos de parte de Jacobo, Pedro solía comer con los gentiles. Pero cuando aquéllos llegaron, comenzó a retraerse y a separarse de los gentiles por temor a los partidarios de la circuncisión. 13 Entonces los demás judíos se unieron a Pedro en su hipocresía, y hasta el mismo Bernabé se dejó arrastrar por esa conducta hipócrita.

Dice que “llegaran algunos de parte de Jacobo.” En Hechos se menciona que algunos salieron a inquietar sin autorización.

Hechos 15

24 Nos hemos enterado de que algunos de los nuestros, sin nuestra autorización, los han inquietado a ustedes, alarmándoles con lo que les han dicho.

A la luz de este texto, quizás estas personas decían que iban de parte de Jacobo sin que él los hubiera enviado.

Quisiera que apreciáramos la situación que se da en relación a la verdad o el verdadero evangelio. Pablo ya nos dijo que “Jacobo, Pedro y Juan, que eran considerados columnas.” De estos tres, al parecer, dos están a favor de la circuncisión, Pedro y los que parecen venir departe de Jacobo. ¡Hasta Bernabé, el compañero de ministerio de Pablo, se ha unido a los de la circuncisión! En ese momento Pablo, se enfrenta a Pedro, “le eché en cara su comportamiento condenable.” ¿Como sabía Pablo que él estaba en lo correcto y Pedro y quizás Jacobo estaban mal? Y ¿Como podemos y debemos nosotros predicar y mantener la verdad si al parecer la mayoría esta en contra?

Gálatas 2

14 Cuando vi que no actuaban rectamente, como corresponde a la integridad del evangelio, le dije a Pedro delante de todos: «Si tú, que eres judío, vives como si no lo fueras, ¿por qué obligas a los gentiles a practicar el judaísmo?

15 »Nosotros somos judíos de nacimiento y no “pecadores paganos”. 16 Sin embargo, al reconocer que nadie es justificado por las obras que demanda la ley sino por la fe en Jesucristo, también nosotros hemos puesto nuestra fe en Cristo Jesús, para ser justificados por la fe en él y no por las obras de la ley; porque por éstas nadie será justificado.

Pablo menciona “la integridad del evangelio.” ¿En que consiste la integridad del evangelio? Bueno creo que vemos un par de cosas en el contexto. Primero es que debemos vivir lo que predicamos o no pedirle a otros vivir algo que nosotros no podemos vivir. “Si tú, que eres judío, vives como si no lo fueras, ¿por qué obligas a los gentiles a practicar el judaísmo?

Por otro lado la integridad del evangelio es que debemos entender la Palabra de manera que tenga sentido entre si. En este caso por ejemplo, no podemos mantener que somos salvos por la fe en Jesucristo y a la vez requerir la circuncisión.

Pablo aclara que no hay dos grupos o dos formas de ser cristianos. No hay una forma para gentiles y otra forma para judíos. No es que los judíos deben cumplir la ley para ser salvos y no gentiles no tienen que cumplir la ley para ser salvos. No.

Pablo señala a los judíos al decir, “somos judíos de nacimiento y no ‘pecadores paganos.’” Esto es lo que un judío diría de si mismo. Aún los judíos creyentes han llegado a , “reconocer que nadie es justificado por las obras que demanda la ley.” Los mismo judíos cristianos reconocen que no son justificados por la ley. Por lo tanto aún los judíos creyentes reconocen que son justificados “por la fe en Jesucristo.” Esto elimina para los judíos al igual que para los gentiles, “las obras de la ley; porque por éstas nadie será justificado.” Eso es integridad en el evangelio. Si es por fe en Jesús no es por medio de la circuncisión.

En medio de la explicación de la justificación, Pablo resalta un hecho importante.

Gálatas 2

17 »Ahora bien, cuando buscamos ser justificados por Cristo, se hace evidente que nosotros mismos somos pecadores. ¿Quiere esto decir que Cristo está al servicio del pecado? ¡De ninguna manera!

Si decimos que somos cristianos, estamos diciendo que “nosotros mismos somos pecadores.” ¿Saben esto las personas a quienes les compartimos nuestra fe? A veces, al compartir acerca de Cristo con otros, damos la impresión que nosotros si somos santos y ellos no. Es bueno al compartir a otros, el decirles que creemos porque somos pecadores, porque necesitamos un salvador.

¿En dónde querían acomodar la ley dentro de la fe cristiana? Veamos.

Gálatas 3

1 ¡Gálatas torpes! ¿Quién los ha hechizado a ustedes, ante quienes Jesucristo crucificado ha sido presentado tan claramente? 2 Sólo quiero que me respondan a esto: ¿Recibieron el Espíritu por las obras que demanda la ley, o por la fe con que aceptaron el mensaje? 3 ¿Tan torpes son? Después de haber comenzado con el Espíritu, ¿pretenden ahora perfeccionarse con esfuerzos humanos?

Pablo les pregunta y reclama con esta oración. “Después de haber comenzado con el Espíritu, ¿pretenden ahora perfeccionarse con esfuerzos humanos?” Al parecer, los que promovían la ley de Moisés y la circuncisión no lo hacían como medio de ser salvo, sino como algo que se debía hacer después de ser salvos. Es interesante que esta idea sigue vivo en la iglesia hasta el día de hoy. ¿Cuanta gente no cree que para ser santos debemos seguir partes de la ley de Moisés? ¿Cuanta gente no cree que vamos a ser santos por seguir una serie de reglas externas?

Otra razón que se usa hasta el día de hoy para decir que sigue vigente la ley para los creyentes es la idea que si Dios dio la ley nunca debe dejar se ser válido. Pero veamos.

Gálatas 3

15 Hermanos, voy a ponerles un ejemplo: aun en el caso de un pacto humano, nadie puede anularlo ni añadirle nada una vez que ha sido ratificado. 16 Ahora bien, las promesas se le hicieron a Abraham y a su descendencia. La Escritura no dice: «y a los descendientes», como refiriéndose a muchos, sino: «y a tu descendencia», dando a entender uno solo, que es Cristo. 17 Lo que quiero decir es esto: La ley, que vino cuatrocientos treinta años después, no anula el pacto que Dios había ratificado previamente; de haber sido así, quedaría sin efecto la promesa. 18 Si la herencia se basa en la ley, ya no se basa en la promesa; pero Dios se la concedió gratuitamente a Abraham mediante una promesa.

Pablo presenta “las promesas se le hicieron a Abraham y a su descendencia” como un pacto. Señala que aún en el caso de un pacto humano, “nadie puede anularlo ni añadirle nada una vez que ha sido ratificado.” En base a esto, enseña que “la ley, que vino cuatrocientos treinta años después, no anula el pacto que Dios había ratificado previamente.” Entonces Pablo señala que el argumento no es si la fe en Cristo puede anular la ley, sino al revés si la ley puede anular el pacto de fe, que fue primero. El pacto de la promesa a Abraham.

Sigue entonces para enseñar cual fue el propósito de la ley.

Gálatas 3

23 Antes de venir esta fe, la ley nos tenía presos, encerrados hasta que la fe se revelara. 24 Así que la ley vino a ser nuestro guía encargado de conducirnos a Cristo, para que fuéramos justificados por la fe. 25 Pero ahora que ha llegado la fe, ya no estamos sujetos al guía.

Señala que la ley era temporal al decir, “la ley nos tenía presos, encerrados hasta que.” También subraya que es temporal al decir, “ahora que ha llegado la fe, ya no estamos sujetos al guía.”

El propósito de la ley es que “vino a ser nuestro guía encargado de conducirnos a Cristo.” La ley no era un pacto que justificara al hombre. La ley nos conducía a Cristo “para que fuéramos justificados por la fe.”

Sigue la carta de Gálatas.

Quisiera regresar al tema de la verdad. Ya vimos que aún al estar escribiendo las primeras epístolas había una lucha por la verdad y quienes buscaban cambiarlo por “otro evangelio.” Al seguir la enseñanza de Pablo aquí, vemos como al conjuntar todos los textos de la Escritura aclara la verdad, aclara lo que sí es el evangelio. No es fácil. La lucha sigue en nuestro día. Tenemos que conocer la Palabra de Dios. Tenemos que buscar la integridad del Evangelio. Debemos exponerlo con paciencia y amor a los demás. Toma ánimo. Si hay una verdad clara en la Palabra, no es cosa de “interpretación” de cada quien.

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