La fe sin obras está muerta. . . . Comentarios sobre Santiago 1-2

 Esta carta de Santiago nos enseña bastantes cosas muy prácticas que podemos y debemos poner en práctica en nuestras vidas como creyentes. Estudiándolo con detenimiento podemos ver que a la vez tiene enseñanza muy profunda de conceptos y principios que debemos tener presentes en nuestro andar con Cristo.

Quizás ayuda visualizar la organización de la carta como una trenza. El autor toca un tema, luego trata otro tema o dos, pero regresa al tema original. De esta forma trata todos los temas pero a la vez los relaciona uno con otro. Da la tentación de convertir los temas de la carta en listas, pero la verdad es que en nuestras vidas encontramos los temas y asunto trenzados o tejidos entre si.

Santiago 1

1 Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo, a las doce tribus que se hallan dispersas por el mundo: Saludos.

No sabemos con precisión quien es Santiago que escribió esta carta. Lo seguro es que sentía que no hacía falta firmarlo más que como Santiago.

Santiago 1

2 Hermanos míos, considérense muy dichosos cuando tengan que enfrentarse con diversas pruebas, 3 pues ya saben que la prueba de su fe produce constancia. 4 Y la constancia debe llevar a feliz término la obra, para que sean perfectos e íntegros, sin que les falte nada. 5 Si a alguno de ustedes le falta sabiduría, pídasela a Dios, y él se la dará, pues Dios da a todos generosamente sin menospreciar a nadie. 6 Pero que pida con fe, sin dudar, porque quien duda es como las olas del mar, agitadas y llevadas de un lado a otro por el viento. 7 Quien es así no piense que va a recibir cosa alguna del Señor; 8 es indeciso e inconstante en todo lo que hace.

Santiago dirige su carta a, “las doce tribus que se hallan dispersas por el mundo.” Al empezar a hablarles de pruebas, podemos pensar que está escribiendo a los creyentes que fuero disperso como persecución por su fe en Jesús. Les exhorta a “considerarse” muy dichosos y “saber” que la prueba produce constancia. El considerar y saber son parte de sabiduría sobre lo que están viviendo. Por eso como parte de esta exhortación les indica como deben proceder “si a alguno de ustedes le falta sabiduría.”

“Considérense muy dichosos,” nos recuerda estas palabras de Jesús.

Mateo 5

11 »Dichosos serán ustedes cuando por mi causa la gente los insulte, los persiga y levante contra ustedes toda clase de calumnias. 12 Alégrense y llénense de júbilo, porque les espera una gran recompensa en el cielo. Así también persiguieron a los profetas que los precedieron a ustedes.

La dicha mencionada por Jesús es “una gran recompensa en el cielo.” Santiago nos enseña que además “la prueba de su fe produce constancia,” y esto en nuestra vida es “para que sean perfectos e íntegros.” ¿Tienes problemas en entender y aceptar esto? Entonces, “Si a alguno de ustedes le falta sabiduría, pídasela a Dios.” Santiago nos da la promesa de que “él se la dará, pues Dios da a todos generosamente sin menospreciar a nadie.” Ahora, vemos en el contexto que Dios da sabiduría a todos. No debemos pensar que podemos extraer este fragmento del pasaje y aplicarlo a todo tipo de súplicas. De hecho antes de terminar la carta Santiago nos va a decir razones ¡por las que no recibimos otras cosas que pedimos!

Es importante, “que pida con fe, sin dudar.” Si dudamos, quiere decir que somos indecisos e inconstantes. Es importante notar que “va a recibir cosa alguna del Señor,” la fe no produce el resultado, eso lo hace el Señor, en quien ponemos nuestra fe.

Santiago 1

9 El hermano de condición humilde debe sentirse orgulloso de su alta dignidad, 10 y el rico, de su humilde condición. El rico pasará como la flor del campo. 11 El sol, cuando sale, seca la planta con su calor abrasador. A ésta se le cae la flor y pierde su belleza. Así se marchitará también el rico en todas sus empresas.

Santiago empieza otro hilo de la trenza aquí. Esto es el nivel o situación económica. En el mundo el dinero habla. En el mundo los ricos son importantes y los “de condición humilde” son menospreciados. En la fe, en el reino de Dios, no es así. En el reino de Dios, “el hermano de condición humilde” tiene “alta dignidad.” Esto representa un cambio. Recordemos esta enseñanza de Jesús en los evangelios.

Lucas 18

25 En realidad, le resulta más fácil a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios.

26 Los que lo oyeron preguntaron:

Entonces, ¿quién podrá salvarse?

La gente tenía la idea de que los ricos eran ricos por la bendición de Dios. Se creía que como Dios los había bendecido, los ricos serían los que con más seguridad entrarían al reino de Dios. Al decir Jesús que era difícil para ellos la gente se sorprendió. Vemos que para Santiago se ha aceptado el hecho que los de condición humilde pueden entrar al reino de Dios. Esto es su alta dignidad.

En el evangelio, de hecho en la Palabra de Dios, se enseña que la riqueza es un estado pasajero. “El rico pasará como la flor del campo.” Al acercar se a Dios el rico reconoce que “así se marchitará también” “en todas sus empresas.”

Santiago ha hablado de pruebas de la fe, ahora va a enseñar acerca de la tentación.

Santiago 1

12 Dichoso el que resiste la tentación porque, al salir aprobado, recibirá la corona de la vida que Dios ha prometido a quienes lo aman.

13 Que nadie, al ser tentado, diga: «Es Dios quien me tienta.» Porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni tampoco tienta él a nadie. 14 Todo lo contrario, cada uno es tentado cuando sus propios malos deseos lo arrastran y seducen. 15 Luego, cuando el deseo ha concebido, engendra el pecado; y el pecado, una vez que ha sido consumado, da a luz la muerte.

¿Las pruebas que Dios permite que nos lleguen son tentaciones? ¿Usa Dios la tentación para formar al cristiano?

Lo que debemos hacer ante la tentación es resistir. El resistir la tentación nos permite ser aprobados. Santiago aclara que, Dios no tienta a nadie. ¿De dónde viene entonces la tentación? Pues “cada uno es tentado cuando sus propios malos deseos lo arrastran y seducen.” Nosotros mismos somos la fuente de tentación ya que tenemos malos deseos. Los malos deseos no producen una influencia y engaño. Esos malos deseos, producen la tentación y de no resistirlo, engendra el pecado en nosotros. No podemos culpar nuestro entorno, a otros, ni mucho menos a Dios por nuestra tentación. Somos nosotros mismos los responsables. Debemos orar para que Dios nos quite, nos limpie, de los malos deseos.

Santiago 1

16 Mis queridos hermanos, no se engañen. 17 Toda buena dádiva y todo don perfecto descienden de lo alto, donde está el Padre que creó las lumbreras celestes, y que no cambia como los astros ni se mueve como las sombras. 18 Por su propia voluntad nos hizo nacer mediante la palabra de verdad, para que fuéramos como los primeros y mejores frutos de su creación.

Lejos de enviarnos tentaciones, Dios nos envía “toda buena dádiva y todo don perfecto.” Dios, “por su propia voluntad nos hizo nacer mediante la palabra de verdad.” Es la Palabra de Dios el medio que nos hace nacer de nuevo. Al nacer así llegamos ser los “¡mejores frutos de su creación!”

Santiago 1

19 Mis queridos hermanos, tengan presente esto: Todos deben estar listos para escuchar, y ser lentos para hablar y para enojarse; 20 pues la ira humana no produce la vida justa que Dios quiere. 21 Por esto, despójense de toda inmundicia y de la maldad que tanto abunda, para que puedan recibir con humildad la palabra sembrada en ustedes, la cual tiene poder para salvarles la vida.

Habiendo explicado que la tentación y el pecado viene de nuestros malos deseos, Santiago procede a dar una exhortación. Nos exhorta a estar listos para escuchar. Debemos ser lentos para hablar y para enojarse. Es interesante la relación que muestra entre hablar y enojarse. El hablar mucho puede ser una forma de egoísmo, “¡escúchame a mí!” El problema que señala de la ira humana es que “no produce la vida justa que Dios quiere.” Cuando estoy ocupado en estar enojado con alguien o algo, no me estoy fijando en mi vida, no estoy preocupado en que es lo que Dios quiere en mi vida. Nos exhorta entonces a despojarnos de inmundicia y maldad. Santiago asume que los que leen su carta, aunque son creyentes, todavía tienen inmundicia y maldad. Más que enojarse, o ¡hablar mucho! Deben buscar erradicar esta maldad de su vida.

El propósito de despojarnos del pecado en nosotros es “para que puedan recibir con humildad la palabra sembrada en ustedes.” La Palabra de Dios ha sido sembrado en nosotros, Santiago ve que todavía lo estamos recibiendo, todavía esta tomando su efecto en nuestra vida. Nos recuerda que esta palabra “tiene poder para salvarles la vida.”

Santiago 1

22 No se contenten sólo con escuchar la palabra, pues así se engañan ustedes mismos. Llévenla a la práctica. 23 El que escucha la palabra pero no la pone en práctica es como el que se mira el rostro en un espejo 24 y, después de mirarse, se va y se olvida en seguida de cómo es. 25 Pero quien se fija atentamente en la ley perfecta que da libertad, y persevera en ella, no olvidando lo que ha oído sino haciéndolo, recibirá bendición al practicarla.

“Llévenla a la práctica.” La forma de recibir la palabra en nosotros es llevarlo a la práctica. Jesús hablo de esto mismo en este pasaje.

Mateo 7

24 »Por tanto, todo el que me oye estas palabras y las pone en práctica es como un hombre prudente que construyó su casa sobre la roca. 25 Cayeron las lluvias, crecieron los ríos, y soplaron los vientos y azotaron aquella casa; con todo, la casa no se derrumbó porque estaba cimentada sobre la roca. 26 Pero todo el que me oye estas palabras y no las pone en práctica es como un hombre insensato que construyó su casa sobre la arena. 27 Cayeron las lluvias, crecieron los ríos, y soplaron los vientos y azotaron aquella casa, y ésta se derrumbó, y grande fue su ruina.»

La ilustración de Santiago del espejo nos vuelve a comunicar esta verdad tan importante. ¿De que sirve la Palabra si no la ponemos en práctica? El espejo nos ilustra que la Palabra va a señalar y hacernos ver como somos. Al ver como somos ante la Palabra veremos cosas que debemos cambiar para ser como Dios desea que seamos.

Al hablar de “la ley perfecta que da libertad,” vemos que esta hablando de vivir bajo la gracia y no bajo la ley de Moisés.

Santiago 1

26 Si alguien se cree religioso pero no le pone freno a su lengua, se engaña a sí mismo, y su religión no sirve para nada. 27 La religión pura y sin mancha delante de Dios nuestro Padre es ésta: atender a los huérfanos y a las viudas en sus aflicciones, y conservarse limpio de la corrupción del mundo.

A veces decimos que no tenemos una religión sino una relación con Jesús. Santiago esta a gusto hablando de ser correctamente religioso y tener una religión pura y sin mancha. La religión debe llevarnos a frenar nuestra lengua. Esto nos permite escuchar a otros y así compartir su vida en amor. Al igual que Jesús, pone énfasis en atender a los necesitados, “a los huérfanos y a las viudas en sus aflicciones.” Otro aspecto de la religión pura es nuestra santificación, “conservarse limpio de la corrupción del mundo.”

Santiago 2

1 Hermanos míos, la fe que tienen en nuestro glorioso Señor Jesucristo no debe dar lugar a favoritismos. 2 Supongamos que en el lugar donde se reúnen entra un hombre con anillo de oro y ropa elegante, y entra también un pobre desharrapado. 3 Si atienden bien al que lleva ropa elegante y le dicen: «Siéntese usted aquí, en este lugar cómodo», pero al pobre le dicen: «Quédate ahí de pie» o «Siéntate en el suelo, a mis pies», 4 ¿acaso no hacen discriminación entre ustedes, juzgando con malas intenciones?

Santiago regresa al tema de el estado económico. Ha subrayado que la riquezas son pasajeras y que las personas de humilde condición tiene una alta dignidad. Pero ve que en las reuniones de los creyentes, no esta poniendo esta verdad en práctica. En sus reuniones siguen con las formas del mundo. ¡Siguen favoreciendo a los ricos! El les exhorta a llevar la verdad sobre el valor de las riquezas comparado con el valor de las personas a la practica.

Santiago 2

5 Escuchen, mis queridos hermanos: ¿No ha escogido Dios a los que son pobres según el mundo para que sean ricos en la fe y hereden el reino que prometió a quienes lo aman? 6 ¡Pero ustedes han menospreciado al pobre! ¿No son los ricos quienes los explotan a ustedes y los arrastran ante los tribunales? 7 ¿No son ellos los que blasfeman el buen nombre de aquel a quien ustedes pertenecen?

Les recuerda que Dios ha escogido “a los que son pobres según el mundo para que sean ricos en la fe y hereden el reino.” De nuevo su alta dignidad. Pero ellos están menospreciando a los pobres. Hacen mal.

Sabemos que ricos como Zaqueo también son miembros de la familia de la fe. Pero lo más común es que, “son los ricos quienes los explotan a ustedes.” Quizás parte de sus pruebas era por los ricos que “los arrastran ante los tribunales.” Más fuerte aún son los ricos en general “los que blasfeman el buen nombre de aquel a quien ustedes pertenecen.” ¿Son ellos los que quieren entonces favorecer sobre los pobres?

Santiago 2

8 Hacen muy bien si de veras cumplen la ley suprema de la Escritura: «Ama a tu prójimo como a ti mismo»; 9 pero si muestran algún favoritismo, pecan y son culpables, pues la misma ley los acusa de ser transgresores. 10 Porque el que cumple con toda la ley pero falla en un solo punto ya es culpable de haberla quebrantado toda. 11 Pues el que dijo: «No cometas adulterio», también dijo: «No mates.» Si no cometes adulterio, pero matas, ya has violado la ley.

Santiago aplica “la ley suprema de la Escritura” a este caso. “Ama a tu prójimo como a ti mismo.” El mostrar favoritismo es no amar. El tratar a todos por igual si muestra nuestro amor por todos. Santiago toma el “amar a tu prójimo como a ti mismo” y muestra que es tan importante como los diez mandamientos. Lo compara con no matar y no adulterar.

Santiago 2

12 Hablen y pórtense como quienes han de ser juzgados por la ley que nos da libertad, 13 porque habrá un juicio sin compasión para el que actúe sin compasión. ¡La compasión triunfa en el juicio!

Este amar al prójimo es la ley que da libertad. El actual con compasión es sujetarse a la ley que da libertad. La ley que da libertad no significa amor sin justicia o juicio. No. “Porque habrá un juicio sin compasión para el que actúe sin compasión.”

Santiago 2

14 Hermanos míos, ¿de qué le sirve a uno alegar que tiene fe, si no tiene obras? ¿Acaso podrá salvarlo esa fe? 15 Supongamos que un hermano o una hermana no tienen con qué vestirse y carecen del alimento diario, 16 y uno de ustedes les dice: «Que les vaya bien; abríguense y coman hasta saciarse», pero no les da lo necesario para el cuerpo. ¿De qué servirá eso? 17 Así también la fe por sí sola, si no tiene obras, está muerta.

Hay quienes rechazan o no les gusta Santiago porque dice, “¿de qué le sirve a uno alegar que tiene fe, si no tiene obras?” Creen que el hablar de obras disminuye de alguna forma la gracia de Dios. Ya nos había dicho Santiago que debemos llevar a la práctica la Palabra. Vimos que Jesús enseño eso mismo. El llevar la Palabra a la práctica es tener obras. A eso se refería Jesús al decir, “me oye estas palabras y las pone en práctica.” El poner las palabras de Jesús en práctica es tanto obras que Jesús usa el ejemplo de construir una casa para ilustrarlo.

Vemos que Santiago habla de poner en práctica la Palabra en relación a bienes materiales y lo económico. Así muestra que están unidos estos temas. Como ya había dicho esta es la religión pura, “¡atender a los huérfanos y a las viudas en sus aflicciones!”

Santiago 2

18 Sin embargo, alguien dirá: «Tú tienes fe, y yo tengo obras.»

Pues bien, muéstrame tu fe sin las obras, y yo te mostraré la fe por mis obras. 19 ¿Tú crees que hay un solo Dios? ¡Magnífico! También los demonios lo creen, y tiemblan.

Con las obras mostramos que tenemos fe. La fe naturalmente desborda en obras. Los demonios también creen que hay un Dios, ¿pero que hacen con ese creer? Se rebelan, van en contra de Dios. ¿Nosotros que hacemos con nuestro creer que hay un Dios?

Santiago 2

20 ¡Qué tonto eres! ¿Quieres convencerte de que la fe sin obras es estéril? 21 ¿No fue declarado justo nuestro padre Abraham por lo que hizo cuando ofreció sobre el altar a su hijo Isaac? 22 Ya lo ves: Su fe y sus obras actuaban conjuntamente, y su fe llegó a la perfección por las obras que hizo. 23 Así se cumplió la Escritura que dice: «Le creyó Abraham a Dios, y esto se le tomó en cuenta como justicia», y fue llamado amigo de Dios. 24 Como pueden ver, a una persona se le declara justa por las obras, y no sólo por la fe.

Santiago cita, como parte de su argumento y enseñanza, un versículo en Génesis que Pablo usa para demostrar que somos salvos por fe y no otra cosa. Veamos el versículo.

Génesis 15

6 Abram creyó al Señor, y el Señor lo reconoció a él como justo.

En Romanos capítulo cuatro, Pablo cita este versículo y mediante preguntas señala que Abram, fue reconocido como justo, antes de que se diera la ley de Moisés y antes que fuera circuncidado. Fue contado como justo simplemente por creer.

Santiago cita Génesis capítulo veintidós para subrayar lo que hizo Abram “cuando ofreció sobre el altar a su hijo Isaac.” Veamos el contexto del versículo que ambos citan.

Génesis 15

1 Después de esto, la palabra del Señor vino a Abram en una visión:

«No temas, Abram.

Yo soy tu escudo,

y muy grande será tu recompensa.»

2 Pero Abram le respondió:

Señor y Dios, ¿para qué vas a darme algo, si aún sigo sin tener hijos, y el heredero de mis bienes será Eliezer de Damasco? 3 Como no me has dado ningún hijo, mi herencia la recibirá uno de mis criados.

4 —¡No! Ese hombre no ha de ser tu heredero —le contestó el Señor—. Tu heredero será tu propio hijo.

5 Luego el Señor lo llevó afuera y le dijo:

Mira hacia el cielo y cuenta las estrellas, a ver si puedes. ¡Así de numerosa será tu descendencia!

6 Abram creyó al Señor, y el Señor lo reconoció a él como justo.

Con el contexto vemos que la conversación entre el Señor y Abram era sobre el hecho que Abram no tenía un hijo. Dios le hace la promesa, “tu heredero será tu propio hijo.” Y esto es lo que cree Abram y en base a creer esto “el Señor lo reconoció a él como justo.”

Entonces Santiago nos señala que eso que creyó Abram se puso por obra. Es más se puso por obra a instancia de Dios mismo. De esta forma, “su fe y sus obras actuaban conjuntamente.” Santiago dice que “su fe llegó a la perfección por las obras que hizo.” Santiago señala, “así se cumplió la Escritura que dice: «Le creyó Abraham a Dios, y esto se le tomó en cuenta como justicia»” La fe de Abram, se cumplió, se demostró.

Esto lo lleva a su conclusión.

Santiago 2

26 Pues como el cuerpo sin el espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta.

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