Ese hombre es mi instrumento escogido . . . Comentarios sobre Hechos 9

 El Nuevo Testamento consta de 27 libros. Trece de estos libros fueron escritos por Pablo, el apóstol. Aquí tenemos el relato de Saulo, como se llamaba en ese entonces, tiene un encuentro con Jesús, que cambio su vida.

Hechos 9

1 Mientras tanto, Saulo, respirando aún amenazas de muerte contra los discípulos del Señor, se presentó al sumo sacerdote 2 y le pidió cartas de extradición para las sinagogas de Damasco. Tenía la intención de encontrar y llevarse presos a Jerusalén a todos los que pertenecieran al Camino, fueran hombres o mujeres. 3 En el viaje sucedió que, al acercarse a Damasco, una luz del cielo relampagueó de repente a su alrededor. 4 Él cayó al suelo y oyó una voz que le decía:

Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?

5 —¿Quién eres, Señor? —preguntó.

Yo soy Jesús, a quien tú persigues —le contestó la voz—. 6 Levántate y entra en la ciudad, que allí se te dirá lo que tienes que hacer.

7 Los hombres que viajaban con Saulo se detuvieron atónitos, porque oían la voz pero no veían a nadie. 8 Saulo se levantó del suelo, pero cuando abrió los ojos no podía ver, así que lo tomaron de la mano y lo llevaron a Damasco. 9 Estuvo ciego tres días, sin comer ni beber nada.

Vemos que Saulo amenazaba con la muerte a los discípulos del Señor. Podemos ver su grado de molestia con los discípulos de Jesús en que estaba en camino hasta Damasco, unos 200 kilómetros de distancia de Jerusalén, para llevarse preso a los creyentes. No importaba que fueran inclusive mujeres, los quería llevar presos.

Jesús, Dios, tenía otros planes para Saulo. Relampaguea una luz y fue tal que Saulo cayó al suelo. “Oyó una voz.” En los evangelios en tres ocasiones se oye una voz desde el cielo que afirma que Jesús es el hijo de Dios. Ahora, en el camino a Damasco, aunque no dice que es una voz del cielo, se oye una voz sin que se nos indique de dónde viene. ¡La voz es ahora la voz de Jesús!

“Yo soy Jesús, a quien tú persigues.” Tiempo después, Saulo, ahora conocido como Pablo escribe esto.

1 Corintios 12

27 Ahora bien, ustedes son el cuerpo de Cristo, y cada uno es miembro de ese cuerpo.

¿En que se basa Pablo para decir que somos el cuerpo de Cristo? Pues precisamente en esto que le dice Jesús. Pablo ha estado persiguiendo a los creyentes y discípulos de Jesús. Jesús le dice que lo esta persiguiendo a él, “Yo soy Jesús, a quien tú persigues.” No puede haber algo más claro.

Jesús le da instrucciones sobre lo que debe hacer. “Levántate y entra en la ciudad, que allí se te dirá lo que tienes que hacer.” Consecuencia de la luz y lo que Jesús hace, Saulo queda ciego, lo tienen que llevar de la mano.

Hechos 9

10 Había en Damasco un discípulo llamado Ananías, a quien el Señor llamó en una visión.

¡Ananías!

Aquí estoy, Señor.

11 —Anda, ve a la casa de Judas, en la calle llamada Derecha, y pregunta por un tal Saulo de Tarso. Está orando, 12 y ha visto en una visión a un hombre llamado Ananías, que entra y pone las manos sobre él para que recobre la vista.

Jesús mismo hablo con Saulo en el camino. Vemos que el plan de Dios es seguir haciendo su obra en su vida y corazón, pero escoge involucrar a otros creyentes, creyentes como los que Saulo estaba persiguiendo.

Es imposible para nosotros entender como es el tiempo para Dios. No tenemos forma de saber cual es la relación entre las acciones y tiempo de Dios y nuestro tiempo. Esto es al menos que Dios nos revele cual es esa relación. Aquí tenemos un caso muy específico e interesante. El Señor le dice a Ananías, “ha visto en una visión a un hombre llamado Ananías.” Esto es que Dios primero le dijo a Saulo a quién había escogido para ir a orar por él. Le dijo que iba ir a orar por el Ananías, pero ¡todavía no le había dicho a Ananías! Luego el Señor llega a decirle a Ananías que él es el que debe ir a orar por Saulo.

Este hecho nos enseña como debemos servir a Dios. En pocas palabras, debemos buscar la voluntad de Dios para nuestras vidas.

Romanos 8

26 Así mismo, en nuestra debilidad el Espíritu acude a ayudarnos. No sabemos qué pedir, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras. 27 Y Dios, que examina los corazones, sabe cuál es la intención del Espíritu, porque el Espíritu intercede por los creyentes conforme a la voluntad de Dios.

Cuando oramos por nuestra vida, “no sabemos qué pedir.” ¿Porqué? Porque no sabemos la voluntad de Dios para nuestras vidas. En cambio, “el Espíritu intercede por los creyentes conforme a la voluntad de Dios.” Entonces no debemos llegar a Dios y platicarle todo un plan de vida que nosotros tenemos, sino ir a pedirle que nos muestre su voluntad.

Hechos 9

13 Entonces Ananías respondió:

Señor, he oído hablar mucho de ese hombre y de todo el mal que ha causado a tus santos en Jerusalén. 14 Y ahora lo tenemos aquí, autorizado por los jefes de los sacerdotes, para llevarse presos a todos los que invocan tu nombre.

15 —¡Ve! —insistió el Señor—, porque ese hombre es mi instrumento escogido para dar a conocer mi nombre tanto a las naciones y a sus reyes como al pueblo de Israel. 16 Yo le mostraré cuánto tendrá que padecer por mi nombre.

Ananías no tenía forma de saber lo que Dios había planeado para él. Vemos que una vez que Dios le dijo, no le parece posible, ni aconsejable, hacer lo que el Señor ya determinó que debía hacer.

El Señor le dice a Ananías, “yo le mostraré cuánto tendrá que padecer por mi nombre.” De nuevo vemos que Dios ya sabía lo que Saulo tendría que padecer por el nombre de Jesús. Quizás Ananías le comento a Saulo todo lo que el Señor le había dicho. Posteriormente Pablo escribe sobre este tema.

Colosenses 1

24 Ahora me alegro en medio de mis sufrimientos por ustedes, y voy completando en mí mismo lo que falta de las aflicciones de Cristo, en favor de su cuerpo, que es la iglesia.

A algunos les cuesta trabajo este versículo. Por error creen que Pablo, u otro creyente, tiene que sufrir algo, adicional a la muerte de Cristo, para el perdón de nuestros pecados. Eso no es lo que Pablo da a entender. Creo que Cristo le había dicho de antemano cuanto tenía que sufrir, y Pablo reconoce que esta cumpliendo a detalle lo que Dios ya había dispuesto. Le faltaban por sufrir aflicciones por el nombre de Jesús.

Hechos 9

Saulo pasó varios días con los discípulos que estaban en Damasco, 20 y en seguida se dedicó a predicar en las sinagogas, afirmando que Jesús es el Hijo de Dios. 21 Todos los que le oían se quedaban asombrados, y preguntaban: «¿No es éste el que en Jerusalén perseguía a muerte a los que invocan ese nombre? ¿Y no ha venido aquí para llevárselos presos y entregarlos a los jefes de los sacerdotes?» 22 Pero Saulo cobraba cada vez más fuerza y confundía a los judíos que vivían en Damasco, demostrándoles que Jesús es el Mesías.

Podemos imaginar que antes de su encuentro con Jesús en el el camino, Saulo conocía de las señales y hechos que demostraban que Jesús es el Hijo de Dios. Podemos pensar que conocía los textos de las escrituras Hebreas acerca del mesías y como hablaban de Jesús. El hecho es que no tuvo que hacer algún curso o estudiar meses para afirmar “que Jesús es el Hijo de Dios.” Ya sabía como demostrar “que Jesús es el Mesías.”

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