¡No has mentido a los hombres sino a Dios! . . . Comentarios sobre Hechos 4-5

 Lucas nos relata la convivencia en la primera iglesia o congregación en Jerusalén. Vemos que era bastante diferente a las iglesias hoy en día.

Hechos 4

32 Todos los creyentes eran de un solo sentir y pensar. Nadie consideraba suya ninguna de sus posesiones, sino que las compartían. 33 Los apóstoles, a su vez, con gran poder seguían dando testimonio de la resurrección del Señor Jesús. La gracia de Dios se derramaba abundantemente sobre todos ellos, 34 pues no había ningún necesitado en la comunidad. Quienes poseían casas o terrenos los vendían, llevaban el dinero de las ventas 35 y lo entregaban a los apóstoles para que se distribuyera a cada uno según su necesidad.

Al leer los evangelios hemos visto el énfasis que Jesús hace sobre el amar uno al otro. Jesús también deja muy claro que es necesario amar a Dios más que las riquezas y cosas materiales. El amor entre creyentes en la iglesia en Jerusalén se demostraba en que “no había ningún necesitado en la comunidad.” ¿Como lograban que no hubiera ningún necesitado? Primero dice que, “nadie consideraba suya ninguna de sus posesiones, sino que las compartían.” Además, “quienes poseían casas o terrenos los vendían, llevaban el dinero de las ventas y lo entregaban a los apóstoles para que se distribuyera a cada uno según su necesidad.

Estos son los apóstoles y creyentes que más cerca estuvieron a las enseñanzas de Jesús. Esto es lo que ellos aprendieron. Ellos entendieron que estas acciones eran la

forma de poner en práctica lo que Jesús enseño.

¿Porque la iglesia, nosotros los creyentes, no tenemos estas actitudes y acciones hoy en día? Creo que estamos lejos del corazón de Jesús en esta materia. En las epístolas vemos enseñanza que nos orienta para ayudar mejor a los necesitados. Que yo sepa, no enseña algo que cambia esta forma de poner el amor en acción.

Vemos que los apóstoles era los que manejaban las finanzas. “Llevaban el dinero de las ventas y lo entregaban a los apóstoles para que se distribuyera a cada uno según su necesidad.

Hechos 4

36 José, un levita natural de Chipre, a quien los apóstoles llamaban Bernabé (que significa: Consolador), 37 vendió un terreno que poseía, llevó el dinero y lo puso a disposición de los apóstoles.

Bernabé, que conoceremos más a fondo en el libro de Hechos, vende un terreno y trajo “el dinero y lo puso a disposición de los apóstoles.” Dios era señor de los bienes de Bernabé. Después vemos a Bernabé en viajes misioneros, pero primero vemos que ha entregado sus finanzas a Dios.

Hechos 5

1-2 Un hombre llamado Ananías también vendió una propiedad y, en complicidad con su esposa Safira, se quedó con parte del dinero y puso el resto a disposición de los apóstoles.

3 —Ananías —le reclamó Pedro—, ¿cómo es posible que Satanás haya llenado tu corazón para que le mintieras al Espíritu Santo y te quedaras con parte del dinero que recibiste por el terreno? 4 ¿Acaso no era tuyo antes de venderlo? Y una vez vendido, ¿no estaba el dinero en tu poder? ¿Cómo se te ocurrió hacer esto? ¡No has mentido a los hombres sino a Dios!

Al parecer Ananías vio cierto atractivo en ser como Bernabé. Que la iglesia pensara que el también había donado el dinero de la venta de una propiedad. Solo que, Ananías, decidió quedarse con parte del dinero de la venta de esta propiedad, pero diciendo a la iglesia que daba todo el dinero de la venta.

El texto no explica como es que Pedro supo de esta mentira. La verdad que aprendemos aquí es que al mentir Ananías a la iglesia, miente “al Espíritu Santo.” Esto debe subrayar para nosotros que la iglesia es el cuerpo de Cristo.

Pedro le explica a Ananías las condiciones, por decirlo así, de estas ofrendas. “¿Acaso no era tuyo antes de venderlo?” El terreno era propiedad de Ananías. No tenía que donarlo, no tenía que venderlo. “Y una vez vendido, ¿no estaba el dinero en tu poder?” Tampoco tenía Ananías ninguna obligación de dar el dinero de la venta a la iglesia o a los necesitados. Todo era voluntario. Si daban algo debía ser porque surgía de su corazón por amor a Dios y los necesitados.

Esto viene siendo una clase sobre deberes y libertades del creyente en relación a sus finanzas. ¿Que falta entonces? ¿Se fijan que no se menciona el diezmar sobre esta operación económica?

Si Jesús enseño que el creyente debe diezmar, entonces Pedro tenía que saber eso. Pedro sería negligente si no instruyera a Ananías sobre el diezmar. La gran mayoría de los pastores hoy en día dirían que Ananías tenía la obligación delante de Dios de dar un diezmo sobre esta operación de venta. Quizás discutirían si debería diezmar sobre el monto total de la venta o sólo diezmar sobre la ganancia neta de la venta. Pero dirían que debería diezmar. Pedro no menciona, ni siquiera como sugerencia el diezmar. Y esta aclarando el estatus de Ananías. Tenemos que concluir que el diezmar no era ni una practica ni una enseñanza de la primera iglesia. Vemos que se enseñaba dar desde el corazón por amor, no por obligación. Vemos que se enseñaba dar hasta el 100%.

Hechos 5

5 Al oír estas palabras, Ananías cayó muerto. Y un gran temor se apoderó de todos los que se enteraron de lo sucedido. 6 Entonces se acercaron los más jóvenes, envolvieron el cuerpo, se lo llevaron y le dieron sepultura.

7 Unas tres horas más tarde entró la esposa, sin saber lo que había ocurrido.

8 —Dime —le preguntó Pedro—, ¿vendieron ustedes el terreno por tal precio?

Sí —dijo ella—, por tal precio.

9 —¿Por qué se pusieron de acuerdo para poner a prueba al Espíritu del Señor? —le recriminó Pedro—. ¡Mira! Los que sepultaron a tu esposo acaban de regresar y ahora te llevarán a ti.

10 En ese mismo instante ella cayó muerta a los pies de Pedro. Entonces entraron los jóvenes y, al verla muerta, se la llevaron y le dieron sepultura al lado de su esposo.

11 Y un gran temor se apoderó de toda la iglesia y de todos los que se enteraron de estos sucesos.

Dios castigo con la muerte a Ananías y un poco más tarde a su esposa. ¿Porqué? Bueno vemos que el resultado de esto fue que, “un gran temor se apoderó de todos los que se enteraron de lo sucedido.” El texto repite esto, “un gran temor se apoderó de toda la iglesia y de todos los que se enteraron de estos sucesos.” Este temor era un temor reverente, un temor de extremo respeto. Los que supieron de estos sucesos sabían que no se jugaba con Dios, ni con su iglesia. Debemos recordar que la paga del pecado es muerte. Dios ejerce una gran paciencia en esperar a que nos arrepintamos y le pidamos perdón. Pero ¡Dios puede ejercer su juicio en cualquier momento!

Hechos 5

12 Por medio de los apóstoles ocurrían muchas señales y prodigios entre el pueblo; y todos los creyentes se reunían de común acuerdo en el Pórtico de Salomón. 13 Nadie entre el pueblo se atrevía a juntarse con ellos, aunque los elogiaban. 14 Y seguía aumentando el número de los que creían y aceptaban al Señor.

Vemos un resumen de lo que ocurría en la iglesia y el ministerio después de este evento. “Los apóstoles ocurrían muchas señales y prodigios entre el pueblo.” Dios les concedió muchas pruebas milagrosas de que los apóstoles eran verdaderamente sus mensajeros. Esto lo explica Hebreos.

Hebreos 2

3 ¿cómo escaparemos nosotros si descuidamos una salvación tan grande? Esta salvación fue anunciada primeramente por el Señor, y los que la oyeron nos la confirmaron. 4 A la vez, Dios ratificó su testimonio acerca de ella con señales, prodigios, diversos milagros y dones distribuidos por el Espíritu Santo según su voluntad.

Entonces Dios esta ratificando el testimonio de los apóstoles con estas, “señales, prodigios, diversos milagros.”

Debido al temor y respeto por la iglesia como el cuerpo de Dios, vemos que “nadie entre el pueblo se atrevía a juntarse con ellos, aunque los elogiaban.” Si no eran creyentes, no se juntaban con ellos. Los elogiaban, tenían una buena opinión de los creyentes pero no se unían a ellos. Por lo menos no sin tener un cambio de corazón. Porque dice que “seguía aumentando el número de los que creían y aceptaban al Señor.” Si uno creía y aceptaba al Señor entonces si pasaban a ser simplemente “el pueblo” a ser parte del cuerpo de Cristo.

Es interesante que se mencionan dos aspectos convertirse. Dice “que creían,” esto es creer que lo que se anunciaba acerca de Jesús es cierto. Dice que “aceptaban al Señor,” creo que esto es porque entendía que uno aceptaba que viniera a morar en uno el Espíritu Santo que es Dios.

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