La resurrección: El cuerpo de evidencia . . . Comentarios sobre Juan 20 y Lucas 24

 ¿Cual sería la mejor forma de comprobar que alguien resucito? ¿Ver a esta persona viva? ¿Que lo vieran media docena o más de personas a la vez? ¿Poder tocar su cuerpo? ¿Oírlo hablar? ¿Examinar la heridas en el cuerpo que contribuyeron a su muerte? ¿Que lo vieran personas que lo conocían íntimamente? ¿Verlo más de una vez con vida? ¿Verlo comer?

Bueno, no tienes que escoger la mejor forma. ¡Los discípulos comprobaron que Jesús resucito con todos estos métodos!

Juan escribe el relato varios de sus encuentros con Jesús resucitado. Juan es testigo presencial de Jesús resucitado.

Juan 20

19 Al atardecer de aquel primer día de la semana, estando reunidos los discípulos a puerta cerrada por temor a los judíos, entró Jesús y, poniéndose en medio de ellos, los saludó.

¡La paz sea con ustedes!

20 Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Al ver al Señor, los discípulos se alegraron.

“Al atardecer de aquel primer día de la semana,” sin lugar a dudas un día sin igual. Desde temprano reportes de la tumba vacía. Algunas mujeres reportan que han visto a Jesús, ¡con vida!

Quizás han oído que oficialmente se les está acusando de haber robado el cuerpo de Jesús. Como saben que no lo robaron, sospechan algo, tienen “temor a los judíos.” Han cerrado la puerta. “Entró Jesús,” Juan no dice como, es un detalle sin importancia en este momento. Lo importe, aún trascendental, es que Jesús, “poniéndose en medio de ellos, ¡los saludó!” “¡La paz sea con ustedes!”

Jesús sabe que no es fácil entender, o aceptar que Él esta vivo. Si bien habían visto la resurrección de Lázaro y algunos más, no es lo mismo aceptar que su mismo Señor ahora esta con vida. La muerte de Jesús fue brutal. Jesús no murió de algo interno que no dejara huellas. Habían visto los clavos en sus manos, Juan por lo menos vio que lo traspasaron su costado y salio agua y sangre.

Quizás por todo esto es Jesús que, “les mostró las manos y el costado.” Los discípulos no pidieron pruebas adicionales, todavía están digiriendo, ¡que Jesús está en medio de ellos y los saludo!

Jesús quiere que tengan la seguridad, la evidencia plena, que Él ha resucitado. Esto no es algo místico como neblina. Esto no es una resurrección sólo en sentido espiritual. No. Jesús esta vivo tan real como la propia existencia de cada uno de ellos.

Vale la pena recordar la diferencia entre una “verdad” subjetiva y la verdad, la verdad objetiva, con “V” mayúscula.

Una verdad, subjetiva es una verdad con “v” minúscula. Una verdad subjetiva sería en este caso por ejemplo que alguno de los discípulos hubiera dicho. “Yo pienso que Jesús no puede seguir muerto.” Este sería una verdad para este discípulo, sería una verdad sin ninguna evidencia física o real. Sería una verdad sin algún objeto verificable por medio. Si por ejemplo alguno más de los discípulos hubiera dicho, “yo siento que Jesús vive.” Aunque coincide con el primer discípulo no deja de ser una verdad, que sólo existe en sus mentes o sentimientos. Si le quieres llamar verdad a esto, habría que aclarar que es una “verdad” subjetiva. Esto sería una verdad solo para ellos dos y solo mientras no cambien de pensar o sentir.

Al mostrarles sus manos y su costado, Jesús esta asegurando que ellos entienda que esto es una verdad objetiva. Jesús, el cuerpo de Jesús es el objeto de esta verdad. Al parecer había hasta diez de los discípulos allí reunidos. Todos vieron a Jesús, vieron su cuerpo, vieron específicamente sus manos y su costado. Esto no dependía de lo que pensaban ni de lo que sentían. Uno al otro podían comentar el cuerpo resucitado de Jesús, físicamente visible frente a ellos. Alguno de los discípulos le podría preguntar a otro discípulo si desde dónde el estaba sentad pudo ver ambas manos o sólo uno de ellos. Otro discípulo podría comentar que vio que todavía tenía Jesús hoyo en sus manos y uno o más de los discípulos confirmarían que efectivamente estaban allí en las manos los hoyos, estaba el cuerpo de Jesús, estaba Jesús allí, objetivamente. Jesús ha resucitado, porque lo hemos visto. Lo hemos visto claro, hemos visto las heridas que causaron en parte su muerte. Se que no me lo imagine, ni lo soñé porque mis compañeros vieron lo mismo.

Jesús quiere que sepan que es una verdad objetiva que Él ha resucitado. Esa es la fe en su resurrección, esa es la fe cristiana.

Es cierto, nosotros sabemos de la resurrección de Jesús por medio de estos testigos presenciales. Entonces, ¿que tanto les preocupa la verdad, esto es la Verdad con “V” mayúscula? Veamos el caso de Tomás, uno de ellos.

Juan 20

24 Tomás, al que apodaban el Gemelo, y que era uno de los doce, no estaba con los discípulos cuando llegó Jesús. 25 Así que los otros discípulos le dijeron:

¡Hemos visto al Señor!

Mientras no vea yo la marca de los clavos en sus manos, y meta mi dedo en las marcas y mi mano en su costado, no lo creeré —repuso Tomás.

A Tomás le relataron lo ocurrido. Quedó claro que habían visto pruebas objetivas de la resurrección de Jesús. Habían escuchado y visto no solo a Jesús, sino en particular sus manos y su costado. Tomás podría haber aceptado lo que dijeron sin la menor duda. Después de todo lo afirmaban diez de sus compañeros y eran buenos hombres. Los demás discípulos no tenían porqué mentirle a Tomás. Pero no le estaban contando cualquier cosa. Le estaban diciendo que Jesús, quien murió, cuyo cuerpo fue severamente mutilado ahora estaba vivo. De alguna forma tenía todavía hoyos en sus manos y un hoyo en su costado lo suficiente grande para meter tu mano.

Tomás concluye, si ellos pudieron ver en frente de ellos a Jesús, vivo con un cuerpo con las huellas de la crucifixión, yo insisto en ver lo mismo. Necesito ver y palpar el cuerpo de Jesús con vida para poder creer. ¿Pedía demasiado? ¿Pedía algo que no le agradaba a su maestro?

Vemos que Jesús hace una segunda visita a los discípulos.

Juan 20

26 Una semana más tarde estaban los discípulos de nuevo en la casa, y Tomás estaba con ellos. Aunque las puertas estaban cerradas, Jesús entró y, poniéndose en medio de ellos, los saludó.

¡La paz sea con ustedes!

27 Luego le dijo a Tomás:

Pon tu dedo aquí y mira mis manos. Acerca tu mano y métela en mi costado. Y no seas incrédulo, sino hombre de fe.

28 —¡Señor mío y Dios mío! —exclamó Tomás.

Otra vez las puertas cerradas no son problema alguno para Jesús. Lo primero que Tomás aprende es que sin estar presente físicamente hace una semana, Jesús escuchó lo que Tomás dijo. Esto es una muestra de la divinidad de Jesús. Sólo Dios sabe todo lo que hacen los hombres.

De nuevo Jesús ofrece su cuerpo como prueba objetiva de su resurrección. “Pon tu dedo aquí y mira mis manos. Acerca tu mano y métela en mi costado.” Jesús explica que el ver las evidencias físicas es muy válido. Jesús confirma que lo que pedía Tomás es una manera correcta de creer. “Y no seas incrédulo, sino hombre de fe.”

El texto no específica si Tomás puso su dedo en las manos o si puso su mano en el costado de Jesús. Quizás fue suficiente ver de nuevo a su maestro. Quizás fue suficiente el darse cuenta que Jesús había oído sus declaraciones hace una semana.

Sea cualquier el caso, Tomás exclama, “¡Señor mío y Dios mío!” El ver a Jesús resucitado y escuchar lo que dijo, le confirma que no es sólo que Jesús esta ahora vivo, sino que Jesús es Dios. ¡Jesús es su Dios!

¿Y nosotros? ¿Como debemos creer que Jesús resucitó? ¿Como debemos creer que Jesús es Dios? Jesús hablo de esto y Juan nos agrega un comentarios al respecto.

Juan 20

29 —Porque me has visto, has creído —le dijo Jesús—; dichosos los que no han visto y sin embargo creen.

30 Jesús hizo muchas otras señales milagrosas en presencia de sus discípulos, las cuales no están registradas en este libro. 31 Pero éstas se han escrito para que ustedes crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que al creer en su nombre tengan vida.

Como discípulo y apóstol, era necesario que Tomás viera personalmente a Jesús resucitado. Jesús nos llama dichosos, o benditos, porqué creemos sin ver. “Dichosos los que no han visto y sin embargo creen.”

Si el texto se quedará hasta aquí, podríamos entender que la fe, de los que no anduvimos con Jesús, no tiene una base objetiva. Debemos creer sin ver. ¿Pero que agrega y que explica Juan?

Juan explica que Jesús hizo muchas señales milagrosas, inclusive que no relata Juan en su evangelio. Juan explica que estas, “señales milagrosas,” se hicieron “en presencia de sus discípulos.” Son señales, milagrosas, pero objetivas. Visto y palpado por múltiples testigos. Juan dice que, “éstas se han escrito para que ustedes crean.” Nuestra fe se basa en los testimonios escritos por los discípulos. En particular tenemos este testimonio escrito por Juan.

Juan dice que ha escrito para que creamos, “que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que al creer en su nombre tengan vida.” Hay dos cosas que Juan espera que creamos en base a estas señales milagrosas. Primero que el hombre Jesús, es el Cristo, el Mesías. Segundo, debemos creer que Jesús es el hijo de Dios.

Como sabemos, Lucas ha investigado todos estos asuntos desde el principio. En su relato de una de las apariencias de Jesús entre los discípulos nos da detalles adicionales que no vimos en Juan.

Lucas 24

36 Todavía estaban ellos hablando acerca de esto, cuando Jesús mismo se puso en medio de ellos y les dijo:

Paz a ustedes.

37 Aterrorizados, creyeron que veían a un espíritu.

38 —¿Por qué se asustan tanto? —les preguntó—. ¿Por qué les vienen dudas? 39 Miren mis manos y mis pies. ¡Soy yo mismo! Tóquenme y vean; un espíritu no tiene carne ni huesos, como ven que los tengo yo.

40 Dicho esto, les mostró las manos y los pies. 41 Como ellos no acababan de creerlo a causa de la alegría y del asombro, les preguntó:

¿Tienen aquí algo de comer?

42 Le dieron un pedazo de pescado asado, 43 así que lo tomó y se lo comió delante de ellos. Luego les dijo:

Lucas dice que al ver a Jesús en medio de ellos que los discípulos estaban, “aterrorizados” Piénsalo. Los muertos no anda de aquí para allá. En la ignorancia popular, cuando creemos ver un muerto, vemos un fantasma. Por lo tanto, “creyeron que veían a un espíritu.

Esto explica porqué Jesús ofreció que lo tocaran. “Miren mis manos y mis pies. ¡Soy yo mismo! Tóquenme y vean; un espíritu no tiene carne ni huesos, como ven que los tengo yo.” Con mayores detalles aquí que en Juan. Jesús aclara, no están viendo un espíritu o un ilusión. “¡Soy yo mismo!” Jesús quiere que sepan que él verdaderamente, objetivamente está con vida en medio de ellos.

Lucas agrega que esto no fue suficiente. Jesús en su determinación de mostrar que es un hecho que ha resucitado, les pide comida. Comió “un pedazo de pescado asado.” Jesús demuestra que su cuerpo resucitado y vivo es como los cuerpos vivos de los hombres. Come tal como cualquier otra persona. La resurrección de Jesús es verdad tal como lo que comimos el día de ayer.

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