Que lo libre Dios ahora, si de veras lo quiere . . . Comentarios sobre Marcos 15 y Mateo 27

 Jesús había dicho que lo iban a matar. Jesús había dicho que día iba a dar su vida. En estos capítulos vemos los detalles de la crucifixión de Jesús.

Marcos 15

16 Los soldados llevaron a Jesús al interior del palacio (es decir, al pretorio) y reunieron a toda la tropa. 17 Le pusieron un manto de color púrpura; luego trenzaron una corona de espinas, y se la colocaron.

18 —¡Salve, rey de los judíos! —lo aclamaban.

19 Lo golpeaban en la cabeza con una caña y le escupían. Doblando la rodilla, le rendían homenaje. 20 Después de burlarse de él, le quitaron el manto y le pusieron su propia ropa. Por fin, lo sacaron para crucificarlo.

Más que un comentario de algún detalle del texto, les comparto mis sentimientos. Yo tengo el perdón de mis pecados, yo tengo la vida eterna porque una tarde Jesús salió de Jerusalén cargando una cruz y fue a morir por mi. ¡Gracias Dios!

Mateo 27

33 Llegaron a un lugar llamado Gólgota (que significa «Lugar de la Calavera»). 34 Allí le dieron a Jesús vino mezclado con hiel; pero después de probarlo, se negó a beberlo. 35 Lo crucificaron y repartieron su ropa echando suertes. 36 Y se sentaron a vigilarlo. 37 Encima de su cabeza pusieron por escrito la causa de su condena: «Éste es Jesús, el Rey de los judíos.» 38 Con él crucificaron a dos bandidos, uno a su derecha y otro a su izquierda. 39 Los que pasaban meneaban la cabeza y blasfemaban contra él:

40 —Tú, que destruyes el templo y en tres días lo reconstruyes, ¡sálvate a ti mismo! ¡Si eres el Hijo de Dios, baja de la cruz!

41 De la misma manera se burlaban de él los jefes de los sacerdotes, junto con los maestros de la ley y los ancianos.

42 —Salvó a otros —decían—, ¡pero no puede salvarse a sí mismo! ¡Y es el Rey de Israel! Que baje ahora de la cruz, y así creeremos en él. 43 Él confía en Dios; pues que lo libre Dios ahora, si de veras lo quiere. ¿Acaso no dijo: “Yo soy el Hijo de Dios”?

44 Así también lo insultaban los bandidos que estaban crucificados con él.

Agregado a todo el sufrimiento físico, Mateo nos relata los insultos, las críticas, las burlas y las blasfemias que derramaron sobre Jesús. Vemos que muchos de los que no creían en Jesús se sentían molestos por lo que Jesús predicaba. Lo odiaban.

Creo que no ha mejor comentario sobre esta escena al rededor de la cruz, que la que nos dio Isaías, unos 700 años antes.

Isaías 53

3 Despreciado y rechazado por los hombres,

varón de dolores, hecho para el sufrimiento.

Todos evitaban mirarlo;

fue despreciado, y no lo estimamos.

4 Ciertamente él cargó con nuestras enfermedades

y soportó nuestros dolores,

pero nosotros lo consideramos herido,

golpeado por Dios, y humillado.

Vemos que Jesús fue “despreciado y rechazado” por, “los que pasaban”, “los jefes de los sacerdotes”, “los maestros de la ley”, “los ancianos” y hasta “los bandidos que estaban crucificados con él.”

Isaías señala que, “lo consideramos herido, golpeado por Dios, y humillado.” Dentro de las críticas a Jesús esta la idea que Jesús merece lo que esta sufriendo en la cruz. Los que lo insultaban expresan que Dios lo esta castigando. ‘Él confía en Dios; pues que lo libre Dios ahora, si de veras lo quiere. ¿Acaso no dijo: “Yo soy el Hijo de Dios”?’

Ellos consideraba que Dios lo estaba castigando por no haber dicho la verdad. Consideran que Dios esta castigando a Jesús por hacerse igual a Dios.

El hecho es que Dios si era el que estaba castigando a Jesús, pero solo los creyentes sabemos la razón verdadera.

Isaías 53

5 Él fue traspasado por nuestras rebeliones,

y molido por nuestras iniquidades;

sobre él recayó el castigo, precio de nuestra paz,

y gracias a sus heridas fuimos sanados.

Así que Isaías explica que efectivamente Dios esta castigando a Jesús, “sobre él recayó el castigo, precio de NUESTRA paz.” Jesús esta recibiendo lo que nosotros merecemos. Jesús recibe el castigo que se requería, ¡para que nosotros obtuviéramos paz con Dios! “fue traspasado por NUESTRAS rebeliones.” Jesús fue, “molido por NUESTRAS iniquidades.” El creyente identifica con este versículo cinco de Isaías.

El resultado del sufrimiento y muerte de Jesús es, “gracias a sus heridas fuimos sanados.” En el contexto se aprecia que somos sanados de nuestra enfermedad espiritual. En el primer capítulo de Isaías vemos como Isaías usa el lenguaje de enfermedad para describir nuestro estado espiritual delante de Dios.

Isaías 1

4 ¡Ay, nación pecadora,

pueblo cargado de culpa,

generación de malhechores,

hijos corruptos!

¡Han abandonado al Señor!

¡Han despreciado al Santo de Israel!

¡Se han vuelto atrás!

5 ¿Para qué recibir más golpes?

¿Para qué insistir en la rebelión?

Toda su cabeza está herida,

todo su corazón está enfermo.

6 Desde la planta del pie hasta la coronilla

no les queda nada sano:

todo en ellos es heridas, moretones,

y llagas abiertas,

que no les han sido curadas ni vendadas,

ni aliviadas con aceite.

Isaías vio de antemano en su profecía lo que lograba Jesús con su sufrimiento y muerte.

Isaías 53

11 Después de su sufrimiento,

verá la luz y quedará satisfecho;

por su conocimiento

mi siervo justo justificará a muchos,

y cargará con las iniquidades de ellos.

Esto es exactamente lo que Jesús hizo en la cruz. “Mi siervo justo justificará a muchos, y cargará con las iniquidades de ellos.” Gracias al sacrificio de Jesús, cargo nuestras iniquidades y nos justifico.

Vemos que desde lejos, “muchas mujeres que habían seguido a Jesús” estaban viendo la crucifixión de Jesús.

Mateo 27

55 Estaban allí, mirando de lejos, muchas mujeres que habían seguido a Jesús desde Galilea para servirle. 56 Entre ellas se encontraban María Magdalena, María la madre de Jacobo y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo.

Dentro de estas mujeres vemos a, “la madre de los hijos de Zebedeo.” Si se acuerdan ella es la que se acerco a Jesús, cuando el hablaba de su muerte, para preguntar si sus dos hijos Jacobo y Juan podrían sentarse uno a la derecha y el otro a la izquierda de Jesús en su reino. ¿Que pensaría ella en este momento? Creo que esta madre es un buen ejemplo de como quedamos si nos estamos acercando a Jesús con el afán de una ventaja personal. Seguramente cambio su forma de entender las cosas con muerte de Jesús en la cruz.

Quisiera que pensáramos en otro detalle de la crucifixión.

Marcos 15

42 Era el día de preparación (es decir, la víspera del sábado). Así que al atardecer, 43 José de Arimatea, miembro distinguido del Consejo, y que también esperaba el reino de Dios, se atrevió a presentarse ante Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús. 44 Pilato, sorprendido de que ya hubiera muerto, llamó al centurión y le preguntó si hacía mucho que había muerto. 45 Una vez informado por el centurión, le entregó el cuerpo a José. 46 Entonces José bajó el cuerpo, lo envolvió en una sábana que había comprado, y lo puso en un sepulcro cavado en la roca. Luego hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro. 47 María Magdalena y María la madre de José vieron dónde lo pusieron.

Vemos a, “José de Arimatea”, quien se nos dice era “miembro distinguido del Consejo.” Mateo nos da mayor información acerca de este José.

Mateo 27

57 Al atardecer, llegó un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también se había convertido en discípulo de Jesús.

Entonces vemos que además José era un hombre rico. Quizás más importante, Mateo nos dice, “que también se había convertido en discípulo de Jesús.”

José de Arimatea, tuvo un privilegio, un honor, que debemos revivir en nuestra meditación en este pasaje. Marcos nos dice que, “José bajó el cuerpo, lo envolvió en una sábana que había comprado.” Decimos, sin quizás entender la realidad y profundidad de lo que decimos, que Cristo murió por nuestros pecados y por su sangre somos limpiados. Pongámonos en el lugar de José. El, “bajó el cuerpo” de Jesús de la cruz. Sintió el cuerpo frio, sin vida de Jesús. Cargo y sintió el peso del cuerpo de Cristo sobre su hombro, en sus brazos. La sangre de Jesús literalmente se pego a la ropa y cuerpo de José. José entendió que la muerte de Jesús fue real, que su sangre derramada lo dejo sin vida. “¡Tomar comer este es mi cuerpo!” ¿Entendemos la realidad de la muerte de Jesús?

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