Han creído que tú me enviaste . . . Comentarios sobre Juan 17

Tenemos el gran privilegio de oír lo que Jesús oro ante el Padre horas antes de ir a la cruz.

Juan 17

1 Después de que Jesús dijo esto, dirigió la mirada al cielo y oró así:

«Padre, ha llegado la hora. Glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti, 2 ya que le has conferido autoridad sobre todo mortal para que él les conceda vida eterna a todos los que le has dado. 3 Y ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tú has enviado. 4 Yo te he glorificado en la tierra, y he llevado a cabo la obra que me encomendaste. 5 Y ahora, Padre, glorifícame en tu presencia con la gloria que tuve contigo antes de que el mundo existiera.

Jesús empieza su oración hablando de gloria. De hecho a través de toda esta oración sobre sale el tema de gloria. Jesús esta por ir a la cruz, le pide al Padre que lo glorifique. El que Jesús sea glorificado en la cruz, va a glorificar al Padre. Desde el simple punto de vista humano, la muerte de Jesús en la cruz no parece gloria. Por lo menos hasta el final. Se logra ver un poco de la gloria según nos relata Mateo.

Mateo 27

54 Cuando el centurión y los que con él estaban custodiando a Jesús vieron el terremoto y todo lo que había sucedido, quedaron aterrados y exclamaron: —¡Verdaderamente éste era el Hijo de Dios!

Pero para Dios, para Jesús, la muerte en la cruz lo glorifica. En su muerte en la cruz, se encuentra la justicia de Dios con el amor de Dios en Jesús. En la muerte de Jesús, Él termina con el dominio de la muerte del hombre por su pecado. Jesús abre el camino a la vida eterna. Jesús va a ser glorificado por medio de la cruz. Jesús glorifica al Padre en su crucifixión. Jesús glorifica al Padre porque el Padre le ha, “conferido autoridad sobre todo mortal para que él les conceda vida eterna a todos los que le has dado.”

Jesús le dice al Padre que, “te he glorificado en la tierra.” ¡Cuantas veces leímos que la gente alababa a Dios por los milagros que vieron! Creo que también Jesús ha glorificado al Padre en la tierra en un forma que no apreciamos bien desde nuestro simple punto de vista humano. Podrías preguntarte como, el que una docena de hombres sentados en el campo confiesen que Jesús es el Cristo, glorifica a Dios, el creador del universo. Pues sepa que la fe en nuestros corazones es también una creación de Dios.

Jesús ora entonces acerca de otro aspecto de su gloria. “Y ahora, Padre, glorifícame en tu presencia con la gloria que tuve contigo antes de que el mundo existiera.” Jesús tenía una gloria indescriptible antes de venir a vivir en este mundo. Esta gloria solo lo van a ver los que siguen a Jesús. Cualquiera que vea esta gloria sabrá que no hay nada comparable. La gloria de Jesús que se vio en el monte de transfiguración es sólo una pequeña muestra de esta gloria.

Al seguir orando, Jesús dice cosas maravillosas de sus discípulos.

Juan 17

6 »A los que me diste del mundo les he revelado quién eres. Eran tuyos; tú me los diste y ellos han obedecido tu palabra. 7 Ahora saben que todo lo que me has dado viene de ti, 8 porque les he entregado las palabras que me diste, y ellos las aceptaron; saben con certeza que salí de ti, y han creído que tú me enviaste.

En el evangelio de Juan vemos como Jesús se dedica a desarrollar obediencia y fe en los discípulos. A veces les cuestionaba su fe, a veces cuando pensaban que creían en Jesús los ponía en un barca en una tormenta para que creciera su fe. Esta oración casi es su graduación del curso de discipulado. “Ellos han obedecido tu palabra.” ¡Que afirmación! “han creído que tú me enviaste.” Debemos anhelar oír esa frases de Jesús acerca de nosotros.

Vuelvo a hacer hincapié en las palabras de Jesús. “Les he entregado las palabras que me diste.” No otras palabras, Jesús entrego fielmente las palabras del Padre. Y “ellos las aceptaron.” ¿Somos capaces de ser fieles y entregar las palabras de Dios a los que deben creer?

Juan 17

9 Ruego por ellos. No ruego por el mundo, sino por los que me has dado, porque son tuyos. 10 Todo lo que yo tengo es tuyo, y todo lo que tú tienes es mío; y por medio de ellos he sido glorificado. 11 Ya no voy a estar por más tiempo en el mundo, pero ellos están todavía en el mundo, y yo vuelvo a ti.

»Padre santo, protégelos con el poder de tu nombre, el nombre que me diste, para que sean uno, lo mismo que nosotros. 12 Mientras estaba con ellos, los protegía y los preservaba mediante el nombre que me diste, y ninguno se perdió sino aquel que nació para perderse, a fin de que se cumpliera la Escritura.

Más adelante en su oración Jesús pide esto.

Juan 17

15 No te pido que los quites del mundo, sino que los protejas del maligno. 16 Ellos no son del mundo, como tampoco lo soy yo. 17 Santifícalos en la verdad; tu palabra es la verdad. 18 Como tú me enviaste al mundo, yo los envío también al mundo. 19 Y por ellos me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad.

A veces si quisiéramos dejar este mundo, sería más fácil. El deseo de Jesús es que estemos aquí en el mundo. Pero le pide al Padre, “que los protejas del maligno.” ¡No debemos tener el mundo en nosotros! Jesús pide algo que descuidamos mucho en las iglesias, “santifícalos en la verdad; tu palabra es la verdad.” La santificación tiene dos partes. Debemos ser apartados para Dios y debemos vivir una vida santa. ¿Como pide Jesús que se nos santifique? Pues, “santifícalos en la verdad” en “tu palabra.” El leer la Palabra, meditar en la Palabra y pedir a Dios que nos conforme a Su Palabra nos santifica.

Antes de terminar su oración, Jesús pide algo muy amoroso para sus discípulos.

Juan 17

24 »Padre, quiero que los que me has dado estén conmigo donde yo estoy. Que vean mi gloria, la gloria que me has dado porque me amaste desde antes de la creación del mundo.

Los discípulos participaban en la gloria de creer y obedecer a Dios por medio de Jesús. Pero Jesús sabe que esta gloria es sólo una parte de su gloria. Jesús hablo de, “la gloria que tuve contigo antes de que el mundo existiera.” Ahora por su amistad y amor por los discípulos, ora al Padre. Quiere “que vean mi gloria, la gloria que me has dado porque me amaste desde antes de la creación del mundo.” Así como nos alegramos al poder enseñarle a un amigo algo o alguien que apreciamos, Jesús quiere que veamos su gloria en toda su plenitud.

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