El que vive y cree en mí no morirá jamás. ¿Crees esto? – Comentarios sobre Juan 11

Juan nos presenta milagros que nos sirven para creer que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios. Vemos que el interés en Jesús crece con cada milagro. Aquí Juan relata el último de los milagros que escribe antes de la resurrección de Jesús.

Juan 11

1 Había un hombre enfermo llamado Lázaro, que era de Betania, el pueblo de María y Marta, sus hermanas. 2 María era la misma que ungió con perfume al Señor, y le secó los pies con sus cabellos. 3 Las dos hermanas mandaron a decirle a Jesús: «Señor, tu amigo querido está enfermo.»

Este trío, Lázaro, María y Marta son personas interesantes que se salen del perfil que muchos asumen para los seguidores de Jesús. En primer lugar, no menciona esposas o esposos de ninguno de los tres. Nos da la impresión que son solteros. Al parecer, tienen cierto nivel económico ya que tienen una casa lo suficiente grande para tener de invitados a Jesús, sus discípulos y otros a la vez. María y Marta son mujeres que están a la vista, activas, participantes en los hechos. No son mujeres tapadas, calladas y casi invisibles. Como veremos más adelante, los tres tienen un circulo social bastante grande y con cierta importancia.

En fin, me da la idea que se les pusiéramos ropas modernas y redecoráramos su casa podría ser adultos jóvenes de nuestros días.

Juan menciona aquí que María es la que ungió con perfume al Señor, aunque no nos relata ese hecho hasta el siguiente capítulo de Juan.

Juan 11

4 Cuando Jesús oyó esto, dijo: «Esta enfermedad no terminará en muerte, sino que es para la gloria de Dios, para que por ella el Hijo de Dios sea glorificado.»

5 Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. 6 A pesar de eso, cuando oyó que Lázaro estaba enfermo, se quedó dos días más donde se encontraba. 7 Después dijo a sus discípulos:

Volvamos a Judea.

8 —Rabí —objetaron ellos—, hace muy poco los judíos intentaron apedrearte, ¿y todavía quieres volver allá?

9 —¿Acaso el día no tiene doce horas? —respondió Jesús—. El que anda de día no tropieza, porque tiene la luz de este mundo. 10 Pero el que anda de noche sí tropieza, porque no tiene luz.

Quisiera resaltar la creciente popularidad de Jesús y el efecto acumulativo de tantos milagros que ha hecho. Debido a este creciente aclamación de Jesús los líderes religiosos quieren matarlo, probablemente por ser culpable de blasfemia. Por lo tanto humanamente corre peligro al acercarse a Jerusalén. Por eso sus discípulos le recuerdan, “hace muy poco los judíos intentaron apedrearte, ¿y todavía quieres volver allá?” Y vemos lo que concluye Tomás.

Juan 11

16 Entonces Tomás, apodado el Gemelo, dijo a los otros discípulos:

Vayamos también nosotros, para morir con él.

Humanamente acercándose a peligro de muerte, pero veamos que pasó.

Juan 11

17 A su llegada, Jesús se encontró con que Lázaro llevaba ya cuatro días en el sepulcro. 18 Betania estaba cerca de Jerusalén, como a tres kilómetros de distancia, 19 y muchos judíos habían ido a casa de Marta y de María, a darles el pésame por la muerte de su hermano. 20 Cuando Marta supo que Jesús llegaba, fue a su encuentro; pero María se quedó en la casa.

Hay dos cosas dentro del plan soberano de Dios que han ocurrido. Primero para los judíos a los cuatro días de la muerte física el alma de la persona ya partió y están totalmente muertos. En segundo lugar vemos que por el tiempo que ha pasado hay “muchos judíos” de visita con Marta y María y van a ser testigos públicos de lo que Jesús va a hacer.

Juan 11

21 —Señor —le dijo Marta a Jesús—, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. 22 Pero yo sé que aun ahora Dios te dará todo lo que le pidas.

23 —Tu hermano resucitará —le dijo Jesús.

24 —Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día final —respondió Marta.

25 Entonces Jesús le dijo:

Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí vivirá, aunque muera; 26 y todo el que vive y cree en mí no morirá jamás. ¿Crees esto?

27 —Sí, Señor; yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que había de venir al mundo.

Quizás nos sorprende los conocimientos de Marta. De las dos hermanas vemos en otro pasaje que Marta es la que andaba con los preparativos de la comida y su hermana es la que estaba aprendiendo a los pies de Jesús.

Lucas 10

39 Tenía ella una hermana llamada María que, sentada a los pies del Señor, escuchaba lo que él decía. 40 Marta, por su parte, se sentía abrumada porque tenía mucho que hacer. Así que se acercó a él y le dijo:

Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sirviendo sola? ¡Dile que me ayude!

Será Marta, la más doméstica, pero sus conocimientos son verdaderamente admirables. Marta dice, “yo sé que resucitará en la resurrección, en el día final.” Si estudiamos las escrituras de los judíos veremos que este conocimiento de la resurrección y día final no es tan conocido y obvio. Quizás Daniel es uno de los profetas que lo expresa con mayor claridad. Además Marta profesa, “yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios.” Esto no era algo tan claro a todos los que conocieron a Jesús. Tenemos que ver que Marta había aprendido bastante como amiga y anfitriona de Jesús.

Aún con todo este conocimiento del plan de Dios, Jesús quiere llevarlo a que sea una realidad en su vida. Basado en la enseñanza Marta menciona que la resurrección es algo futuro y en ese sentido lejano. Jesús le enfrenta con esto como una realidad presente diciendo, “—Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí vivirá, aunque muera; y todo el que vive y cree en mí no morirá jamás. ¿Crees esto?”

Igual tenemos que evaluar en nuestra vida y nuestro creer. Esto que entendemos y creemos acerca de Jesús, el reino de Dios y la vida eterna, ¿Son verdades lejanas y futuras? O ¿Son una realidad presente que cambia toda la realidad de nuestra vida.

Juan 11

28 Dicho esto, Marta regresó a la casa y, llamando a su hermana María, le dijo en privado:

El Maestro está aquí y te llama.

29 Cuando María oyó esto, se levantó rápidamente y fue a su encuentro. 30 Jesús aún no había entrado en el pueblo, sino que todavía estaba en el lugar donde Marta se había encontrado con él. 31 Los judíos que habían estado con María en la casa, dándole el pésame, al ver que se había levantado y había salido de prisa, la siguieron, pensando que iba al sepulcro a llorar.

32 Cuando María llegó adonde estaba Jesús y lo vio, se arrojó a sus pies y le dijo:

Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto.

Jesús llamo específicamente a María para que fuera a verlo.

Dentro de la providencia de Dios, los judíos siguen a María sin saber que eso les va a convertir en testigos presenciales de un milagro grandioso.

María le dijo a Jesús, “Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto.” Para nosotros, el orar por un enfermo y que sea sanado es milagroso pero factible. El poder hacer algo por un muerto es totalmente inesperado.

Juan 11

33 Al ver llorar a María y a los judíos que la habían acompañado, Jesús se turbó y se conmovió profundamente.

34 —¿Dónde lo han puesto? —preguntó.

Ven a verlo, Señor —le respondieron.

35 Jesús lloró.

36 —¡Miren cuánto lo quería! —dijeron los judíos.

Vemos en varios pasajes que Jesús no esta de acuerdo con la caída de la naturaleza y el hombre en el mundo que él mismo creo. Aquí esa disgusto por lo que el hombre y el pecado han hecho con su mundo llega a ser más personal aún ya que ahora es su amigo el que está muerto. Jesús siente el mismo dolor que nosotros sentimos cuando perdemos la vida de un ser querido.

Juan 11

37 Pero algunos de ellos comentaban:

Este, que le abrió los ojos al ciego, ¿no podría haber impedido que Lázaro muriera?

38 Conmovido una vez más, Jesús se acercó al sepulcro. Era una cueva cuya entrada estaba tapada con una piedra.

39 —Quiten la piedra —ordenó Jesús.

Marta, la hermana del difunto, objetó:

Señor, ya debe oler mal, pues lleva cuatro días allí.

40 —¿No te dije que si crees verás la gloria de Dios? —le contestó Jesús.

No nos dice el texto si al abrir el sepulcro olía mal o no. Soy de la opinión que al abrir el sepulcro si olía mal, porque efectivamente Lázaro tenía cuatro días de muerto. El oler a muerte, se convirtió en testimonio y confirmación del poder de Dios sobre la muerte al salir Lázaro de la tumba con vida.

No podemos imaginar quizás, lo que esta sintiendo Marta. Ellas se afanaba con las visitas buscando asegurar que todo fuera agradable y placentero para ellos. Ahora es su hermano, querido sin medida alguno, y la posible pena de tener el desagrado de un oler de muerte. El olor a muerte no es algo agradable, definitivamente no es algo que quieres que experimenten tus invitados. El olor a muerte, cuando es el olor de la muerte de tu hermano, es tristeza y asco a la vez. Ese olor va a recordar y reanimar todo el dolor en su corazón. No puede haber algún sentimiento más profundo o doloroso que la expectativa de ese olor a muerte.

Jesús toma este dolor, este sentimiento tan profundo y en este momento de tristeza y luto, enfrenta a Marta y le pide ¡que mida por un lado ese dolor, ese sentimiento y por el otro lado su fe! “¿No te dije que si crees verás la gloria de Dios?” Ese es Jesús. Si quieres caminar con Jesús, creer en Jesús y crecer en Jesús no esperes una experiencia común, corriente y blando. ¡No! Jesús va a entrar en lo más profundo de tu ser, de lo que realmente te importa y te va a pedir que lo pongas en una balanza con tu fe. Jesús te va a pedir que creas en él sobre todas las cosas, ¡pero en verdad!

Juan 11

41 Entonces quitaron la piedra. Jesús, alzando la vista, dijo:

Padre, te doy gracias porque me has escuchado. 42 Ya sabía yo que siempre me escuchas, pero lo dije por la gente que está aquí presente, para que crean que tú me enviaste.

43 Dicho esto, gritó con todas sus fuerzas:

¡Lázaro, sal fuera!

Jesús no hace una larga súplica, sino una acción de gracias corta. Jesús no hace un gran escándalo, sólo grita con todas sus fueras, “¡sal fuera!” Me gustaría haber escuchado es gritó. ¿A ti te hubiera gustado oírlo? Que tremendo ha de ver sido. Pues si tu y yo morimos antes de la segunda venida de Cristo un día vamos a oír esa voz, la voz de Jesús, el gritó de Jesús, con todas sus fuerzas. Jesús nos va a llamar y vamos a salir de la tumba a recibir un nuevo cuerpo y a vivir eternamente con él. ¡Yo espero ese día!

Juan 11

44 El muerto salió, con vendas en las manos y en los pies, y el rostro cubierto con un sudario.

Quítenle las vendas y dejen que se vaya —les dijo Jesús.

La resurrección de Lázaro no viene acompañado de rayos, ni truenos, ni otra cosa espectacular. En cierto sentido Lázaro es sólo un ser humano vivo, ahora como todos los demás. Los trascendental es que estaba muerto y ya no esta muerto. Quedan las vendas, quizás el olor, pero esta vivo. Con esa simple vida, con cada respiro es un testimonio de que Jesús es el Hijo de Dios. De hecho no tenemos en el texto Bíblico una sola palabra de Lázaro. No lo necesitamos. En el siguiente capítulo de Juan lo vamos a ver sentado a la mesa. Es lo único que el tiene que hacer. Vivir. Respirar.

El milagro de la resurrección de Lázaro no sólo es prueba de quien es Jesús. Este milagro es prueba de que va a hacer Jesús. Como Jesús enseña en otros pasajes, el va a a resucitar a todos los seres humanos y van a juzgarlos. Este es la base de nuestra fe. Esto es lo que creemos. Lázaro vivió y comprueba que nuestra fe es real. Nuestra esperanza es real. Los que se rebelan a Dios deben saber que tienen una esperanza real de estar de pie un día delante de Jesús y ser juzgados.

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