El Padre de ustedes no quiere que se pierda ninguno Comentarios sobre Mateo 18

La comunidad de Cristianos, la iglesia, se parece bastante a un hospital. Un hospital es una instituto de salud, pero en un hospital, ¡hay mas gente enferma que en cualquier otro lugar! Uno de los retos de un hospital es asegurar que no se estén contagiando los pacientes unos a otros.

Cuando Pedro confeso que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, Jesús le respondió y hablo de sus planes. “Sobre esta piedra edificaré mi iglesia.” Jesús esta camino a Jerusalén, esta camino a la cruz, pero esta pensando en nosotros, en su iglesia.

Jesús quiere que comprendamos lo que Él siente para sus hijos, especialmente para los pequeños que más cuidado necesitan. Jesús quiere asegurar que el grupo de creyentes que estarán al rededor de los nuevos creyentes sea un grupo de apoyo. Veamos.

Mateo 18

10 »Miren que no menosprecien a uno de estos pequeños. Porque les digo que en el cielo los ángeles de ellos contemplan siempre el rostro de mi Padre celestial.

Se habla aún secularmente de nuestro ángel guardián. Pues Jesús habla aquí de, “los ángeles de ellos,” no uno, sino varios. ¿Cuantos serán? No sabemos. Es interesante que Jesús no dice que los ángeles de alguien están al rededor de la persona cuidándolo, sino explica que “contemplan siempre el rostro de mi Padre celestial.” Surgen muchas preguntas que podríamos hacer al respecto, pero Jesús no contesta nuestras inquietudes sobre el tema.

Lo que hace Jesús es comunicarnos su inquietud por sus pequeños. Nos hace un fuerte mandato o encargo. “Miren que no menosprecien a uno de estos pequeños.” Ese es la preocupación de Jesús y lo que nos enseña en este capítulo es para que también sea nuestra preocupación.

Mateo 18

12 »¿Qué les parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le extravía una de ellas, ¿no dejará las noventa y nueve en las colinas para ir en busca de la extraviada? 13 Y si llega a encontrarla, les aseguro que se pondrá más feliz por esa sola oveja que por las noventa y nueve que no se extraviaron. 14 Así también, el Padre de ustedes que está en el cielo no quiere que se pierda ninguno de estos pequeños.

Jesús pone el ejemplo de un hombre que tiene cien ovejas y se pierde uno de ellos. ¿Qué hace este hombre? Pues, Jesús nos da el ejemplo de un hombre que se dedica a buscar a esta oveja perdida. Esto no es nada más un relato tierno para Jesús. Jesús quiere que entendamos el sentir de Dios. “Así también, el Padre de ustedes que está en el cielo no quiere que se pierda ninguno de estos pequeños.”

La verdad es que somos más egoístas que pastores. ¿A que me refiero? Honestamente si nos dan a escoger entre predicar, enseñar o cantar a 99 personas o ir a buscar un sólo hermano o hermana que no hemos visto últimamente. ¿Que escogemos?

Jesús nos dice, “no menosprecien a uno de estos pequeños.” No menosprecien a uno.

Luego Mateo nos pone otra enseñanza que tiene que ver con un hermano o una hermana. Uno.

Mateo 18

15 »Si tu hermano peca contra ti, ve a solas con él y hazle ver su falta. Si te hace caso, has ganado a tu hermano. 16 Pero si no, lleva contigo a uno o dos más, para que “todo asunto se resuelva mediante el testimonio de dos o tres testigos”. 17 Si se niega a hacerles caso a ellos, díselo a la iglesia; y si incluso a la iglesia no le hace caso, trátalo como si fuera un incrédulo o un renegado.

En este caso no es que esta persona ha faltado a nuestras reuniones. Jesús habla de que, “si tu hermano peca contra ti.” Quizás este hermano o hermana ha hecho algo que te ha molestado. Quizás es que tu ves algo en esta persona, que crees que no debe tener o hacer un creyente.

Jesús nos informa lo que Él quiere que hagamos en este caso. “Ve a solas con él.” Uno a uno, ¿te das cuenta? Esto es lo contrario a un desprecio, muestra una apreciación por esta persona. Un aprecio, aún cuando sentimos que ha pecado contra nosotros.

Hay un pasaje en la ley que habla del respecto y aprecio que debemos tener para otra persona. Esto tiene que ver con prendas que se dan en garantía.

Deuteronomio 24

10 »Cuando le hagas un préstamo a tu prójimo, no entres en su casa ni tomes lo que te ofrezca en prenda. 11 Quédate afuera y deja que él mismo te entregue la prenda.

Siempre me ha impresionado este mandato. Respetando el honor y posición de esta persona ante su familia y su casa, no debes ir tu allí y tomar lo que te esta ofreciendo como prenda para garantizar un préstamo. No. Su esposa, sus hijos, sus vecinos, podrían ver esto como un triunfo tuyo sobre esta persona. En vez de esto deja que esta persona llegue a su casa y extraiga por voluntad propia la prenda en cuestión. El podrá dar a los suyos la explicación que mejor le parezca.

Ahora, te preguntaras si me he vuelto rabino, queriéndote enseñar los por menores de la ley de Moisés. No, ¡de ninguna manera! Pero esto es muy parecido a lo que Jesús nos esta diciendo que debemos hacer con alguna persona que ha, “pecado contra” nosotros. No le vaya a reclamar frente a su pareja, frente a sus hijos, familiares o vecinos. Tampoco vayas a decir el asunto a terceros. No desprecies a uno de estos pequeños. “Ve a solas con él y hazle ver su falta.” Directamente con la persona misma y no con terceros.

Si actuamos de esta manera, con la misma forma en que estamos tratando el asunto, estamos respetando, honrando y mostrando amor para esta persona. ¿Lo ves?

Ora antes de ir.

Jesús nos prepara de antemano a estar listos para un buen resultado de esta plática. “Si te hace caso, has ganado a tu hermano.” Creo que queda claro que estas instrucciones son para alguien que verdaderamente esta poniendo el amor de Cristo en acción. Debes ir con el deseo y expectativa de ganar a tu hermano.

Ahora bien, Jesús también reconoce, que quizás, no te va a escuchar. Para este caso da instrucciones adicionales. Entonces si, al no poder resolver este asunto en privado entre los dos, debes llevar dos o tres testigos. Por último si no escucha a este grupo entonces se debe llevar el asunto ante la iglesia. La iglesia, recordemos ¡que es de Jesús! La iglesia debe tratar este asunto. En todo esto se busca regresar a esta persona a plena comunión con la iglesia y con Dios. La iglesia no debe ignorar el pecado para que todos estén contentos en la iglesia. La iglesia no debe tratar el pecado con menosprecio a ninguno de los pequeños.

Pedro reconoce que esta enseñanza asume e indica que uno debe perdonar a su hermano. Lo debe perdonar aunque haya pecado contra ti. Veamos lo que pregunta entonces.

Mateo 18

21 Pedro se acercó a Jesús y le preguntó:

Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar a mi hermano que peca contra mí? ¿Hasta siete veces?

22 —No te digo que hasta siete veces, sino hasta setenta y siete veces —le contestó Jesús—.

¿Cuantas veces se debe repetir todo este procedimiento de hacerle ver su falta y perdonarlo? Pedro sugiere que siete veces podría ser suficiente. En Lucas se agrega “¡por día!” Creo que se llevaría buena parte del día tener esta platica y llegar a perdonar siete veces. La respuesta de Jesús es tomar el siete que sugirió Pedro y multiplicarlo. No debemos poner limite al número de veces que perdonamos a nuestro prójimo. Es importante recordar esto cuando nos sentimos muy mal por haber pecado contra Dios. Quizás es algo que pensábamos que ya no íbamos a hacer, y de repente lo volvimos a hacer. Quizás nosotros mismos reconocemos que ya son muchas veces que cometemos el mismo pecado. Por todo esto dudamos si Dios nos va a perdonar otra vez. Bueno en ese momento es muy alentador recordar, ¡que Jesús es el que enseñaba que había que perdonar setenta veces siete!

Hay otra muy buena razón para perdonar a nuestro hermano las veces que nos lo pide. Veamos.

Mateo 18

23 »Por eso el reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos. 24 Al comenzar a hacerlo, se le presentó uno que le debía miles y miles de monedas de oro. 25 Como él no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él, a su esposa y a sus hijos, y todo lo que tenía, para así saldar la deuda. 26 El siervo se postró delante de él. “Tenga paciencia conmigo —le rogó—, y se lo pagaré todo.” 27 El señor se compadeció de su siervo, le perdonó la deuda y lo dejó en libertad.

Este siervo endeudado, no pidió que le perdonaran la deuda que tenía. Sólo pedía que le tuvieran paciencia. Ese siervo dijo, “se lo pagaré todo,” pero creo que es muy dudoso que pudiera pagar miles y miles de monedas de oro que debía. Pero no tenemos que tratar de calcular las posibilidades de poder pagarlo todo. “El señor se compadeció de su siervo, le perdonó la deuda.” Jesús nos dice que el reino de los cielos se parece a este caso. Quizás pensamos que, con ciertos esfuerzos, podríamos ajustar las cuentas con Dios haciendo buenas obras o actos religiosos. El hecho es que no podemos pagar ni una pequeña fracción de nuestra deuda con Dios. Dios no nos pide que tratemos de pagarlo. Dios nos compadeció y nos perdona.

¿Que reacción podríamos esperar de este siervo que antes estaba endeudado? Veamos.

Mateo 18

28 »Al salir, aquel siervo se encontró con uno de sus compañeros que le debía cien monedas de plata. Lo agarró por el cuello y comenzó a estrangularlo. “¡Págame lo que me debes!”, le exigió. 29 Su compañero se postró delante de él. “Ten paciencia conmigo —le rogó—, y te lo pagaré.” 30 Pero él se negó. Más bien fue y lo hizo meter en la cárcel hasta que pagara la deuda.

Podríamos esperara que este siervo hubiera aprendido compasión del perdón que obtuve del rey a quien debía tanto. Pero no, ¡al parecer no aprendió nada! El siervo perdonado no dió a su compañero, ni la paciencia que el había solicitado, mucho menos el perdón que le habían concedido.

¿Que consecuencias tuvo esto?

Mateo 18

31 Cuando los demás siervos vieron lo ocurrido, se entristecieron mucho y fueron a contarle a su señor todo lo que había sucedido. 32 Entonces el señor mandó llamar al siervo. “¡Siervo malvado! —le increpó—. Te perdoné toda aquella deuda porque me lo suplicaste. 33 ¿No debías tú también haberte compadecido de tu compañero, así como yo me compadecí de ti?” 34 Y enojado, su señor lo entregó a los carceleros para que lo torturaran hasta que pagara todo lo que debía.

35 »Así también mi Padre celestial los tratará a ustedes, a menos que cada uno perdone de corazón a su hermano.

Fué tan cruel la respuesta del siervo perdonado con su compañero que los demás compañeros siervos fueron a contarle al rey lo que había sucedido. El rey envía llamar al siervo perdonado y le pregunta, ¿no debías tú también haberte compadecido de tu compañero, así como yo me compadecí de ti? Sólo hay una respuesta correcta a esta pregunta y es que si, debería haberse compadecido de su compañero.

Ahora este ejemplo es tan sencillo y tan obvio que podríamos pensar que ilustra algo que no se aplica a nosotros. ¿O si se aplica? Debemos ver que a cada creyente se le ha perdonado una deuda de pecados que jamás podríamos haber pagado. Entonces, ¿porque hay tantos hermanos que no perdonan a otro hermano? ¿Porque hay creyentes que no perdonan a familiares que “pecarón contra ellos” hace tantos años? Pero aqui no se trata de hacer un análisis del grado de compasión en la iglesia. Más importante sería que te preguntaras. ¿Hay alguien que tu no has perdonado? Este es una pregunta importante.

Jesús nos está enseñando acerca del reino de Dios. Con este relato Jesús nos informa, “Así también mi Padre celestial los tratará a ustedes, a menos que cada uno perdone de corazón a su hermano.” ¿Porqué debo perdonar a mi hermano hasta setenta veces siete? Bueno porque Dios me perdono una deuda inpagable a mi. Porqué si no le perdono de corazón, Dios me va a tratar igual que este rey trato a siervo ingrato.

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